miércoles , 23 septiembre 2020

¿Por que las Vacunas son obligatorias cuando pueden causar daño?

por la Dra. Liliana Szabó

Dra. Liliana Szabo , Inmunidad y los que no se sabe de la vacuna

En los 40 años que llevo ejerciendo la maravillosa profesión de Pediatra he encontrado muchas incoherencias y contradicciones en la Medicina pero ninguna tan notable y alarmante como en el área de las vacunas.
Si los médicos observamos que una sustancia medicamentosa tiene un efecto adverso sobre un paciente, lo podemos denunciar y si ese efecto adverso se repite muchas veces, suele suceder que se restrinja mucho su uso o incluso que retire dicho medicamento del mercado. Sin embargo, a nadie se le ocurriría tildarnos como “anti-medicamentos” a los médicos denunciantes.
Pero si los efectos adversos que observamos en nuestros pacientes fueron ocasionados por una o varias vacunas, y denunciamos dicho efecto pidiendo que se evalúe su toxicidad y se la retire del calendario y del mercado hasta tanto se modifique su composición y se compruebe que es totalmente inocua, entonces los médicos que lo hacemos somos tildados de “anti- vacunas”.
Parecería que las vacunas gozan de “inmunidad diplomática”:
No importa cuánto daño causen, siguen en el mercado y, peor aún se intenta obligar a la gente a recibirlas.
No importa cuántas denuncias y testimonios haya de sus graves efectos adversos, se dirá que no son reales, que es imaginación de la gente.
No importa cuántas personas hayan muerto o quedado con graves secuelas de por vida, los laboratorios que fabrican dichas vacunas no se hacen responsables legalmente de ningún tipo de compensación porque según la ley son inimputables.
No importa que una vacuna no haya cumplido con el imprescindible procedimiento científico completo de desarrollo, pruebas en animales, pruebas en voluntarios humanos y un seguimiento a largo plazo de su seguridad, que igualmente es rápidamente aprobada para su venta.
No importa que una persona tenga algún tipo de contraindicación para ser vacunada, se la vacuna igual.
No importa que se desconozca la predisposición genética de un niño a tener mayor riesgo de daño por algunos componentes de las vacunas, se lo obliga a ser vacunado igual, sin hacer ningún tipo de evaluación genética previa (sabiendo que entre el 30 y 50% de los niños argentinos pueden ser portadores de mutaciones genéticas que generen autismo a causa de los componentes de algunas vacunas).
No importa que un niño ya haya recibido dosis excesivas de determinada vacuna, si hay una campaña para dicha vacuna, se lo vacuna igual.
No importa si una persona ya ha padecido una enfermedad y ha quedado inmunizado naturalmente de por vida, se lo vacuna igual para dicha enfermedad.
No importa si antes una mujer embarazada era un antro sagrado que no podía profanarse con ninguna sustancia de acción medicamentosa, ahora se la vacuna igual, sin haber realizado previamente ningún estudio de seguridad sobre los riesgos implicados para el feto.
No importa si una persona denuncia una reacción adversa por vacunación en sus hijos, se la obliga igual a seguir vacunando, cuando si esto sucediera con cualquier otro medicamento, se le prohibiría recibirlo de por vida.
En fin, son infinitos los “no importa”. Me quedo con el último:
NO IMPORTA SI UNA PERSONA DECIDE CUIDAR SU SALUD NATURALMENTE Y ELIGE NO VACUNARSE, SEGÚN LEY SE LA VACUNA IGUAL.
Creo que hay mucho que revisar en el área de las vacunas. Y somos los médicos los que tenemos que hacerlo, ya que para eso estamos capacitados. El debate científico e independiente de los fines de lucro de la industria farmacéutica es la única salida a una verdadera protección de la población y sobre todo de lo más valioso para nuestro futuro como sociedad: nuestros niños.