
Índice de contenidos
Estudio 1. Infecciones infantiles y muerte prematura por cáncer (Tennant et al., 2013)
- 1.1. De qué trata el estudio 1.2. Quiénes participaron y cómo se hizo 1.3. Qué encontraron 1.4. Cómo explicar la reducción de riesgo 1.5. Referencias
Estudio 2. Infecciones infantiles y riesgo de leucemia en adultos (Parodi et al., 2013)
- 2.1. De qué trata el estudio 2.2. Quiénes participaron y cómo se hizo 2.3. Qué encontraron 2.4. Cómo explicar la reducción de riesgo 2.5. Referencias
Estudio 3. Sarampión y paperas, y enfermedad cardiovascular (Kubota et al., 2015)
- 3.1. De qué trata el estudio 3.2. Quiénes participaron y cómo se hizo 3.3. Qué encontraron 3.4. Cómo explicar la reducción de riesgo 3.5. Referencias
Estudio 1. Infecciones infantiles y muerte prematura por cáncer (Parodi et al., 2013)
1.1. De qué trata el estudio
Este estudio se preguntó si las enfermedades infecciosas que se pasan en la infancia, como el sarampión, la gripe o la tos ferina, influyen en la probabilidad de morir de cáncer en la edad adulta. Se sabe desde hace tiempo, por diferentes observaciones, que las personas que tuvieron fiebres e infecciones de chicos, en algunos casos, tienen menos riesgo de ciertos cánceres cunado son mayores. Este trabajo quiso comprobar si eso era cierto con datos serios y recogidos a lo largo de décadas.
1.2. Quiénes participaron y cómo se hizo
El estudio usó a un grupo muy particular: 1142 bebés nacidos en la ciudad de Newcastle, en el norte de Inglaterra, entre mayo y junio de 1947. Es un grupo que se viene siguiendo desde el nacimiento, lo que en ciencia se llama un estudio de cohorte. Lo importante es que esta gente nació antes de que existieran las vacunas contra el sarampión y otras enfermedades, así que pasaron esas infecciones de forma natural.
Durante los primeros 15 años de vida de cada niño, un equipo de visitadoras de salud y médicos registró, en el momento, cada enfermedad que padecían: sarampión, gripe, paperas, tos ferina, rubéola, tuberculosis, varicela y otras. Se anotó en el momento en que ocurría. Esa es una gran ventaja, porque evita que la gente no recuerde bien.
Después, se siguió a esas personas hasta los 60 años, registrando quiénes morían de cáncer. Se comparó a los que habían tenido cada infección de chicos con los que no la habían tenido, teniendo en cuenta otros factores que también influyen en el cáncer, como la clase social, el peso al nacer o el tiempo de lactancia.
1.3. Qué encontraron
Los resultados más importantes fueron estos, expresados de dos maneras: primero con el porcentaje aproximado de reducción del riesgo (lo más fácil de leer) y luego, entre paréntesis, con el valor técnico original del estudio.
Los porcentajes son aproximaciones. El número técnico que usan los investigadores (el «hazard ratio») no es exactamente lo mismo que un porcentaje de riesgo, pero se le parece mucho cuando el evento es poco frecuente, como pasa con la muerte por cáncer en este grupo. Por eso la conversión sirve para dimensionar el efecto de forma honesta, aunque no sea una equivalencia matemática perfecta.
Estos fueron los resultados:
- Sarampión: los que lo habían tenido de chicos tenían un riesgo de morir de cáncer entre los 15 y los 60 años mucho menor que los que no lo habían tenido. En concreto, una reducción aproximada del 51% (valor 0,49; rango de 0,24 a 0,98). Es decir, el riesgo se redujo aproximadamente a la mitad. En el mejor de los casos, la protección podía llegar al 76%, y en el peor, a apenas un 2%, pero siempre apuntando a menos riesgo.
- Gripe (influenza): los que la habían tenido en la infancia también tenían un riesgo menor, con una reducción aproximada del 61% (valor 0,39; rango de 0,17 a 0,89). La protección podía ir del 83% al 11%.
Para entender estos números sin tecnicismos: un valor de 1 significa «ni más ni menos riesgo». Un valor menor a 1 significa «menos riesgo», y cuanto más chico, mejor. Un valor mayor a 1 significa «más riesgo». Así, el 0,49 del sarampión quiere decir que el riesgo se redujo aproximadamente a la mitad, o sea, un 51% menos.
Vale repetir el detalle esencial: los porcentajes son una forma de comunicar el resultado para el público general, y se basan en una conversión aproximada. Los números entre paréntesis son los valores reales del estudio, que son los que se citan en los artículos científicos. Ninguno de los dos formatos cambia la conclusión: haber pasado sarampión o gripe en la infancia se asoció con un riesgo claramente menor de morir de cáncer en la adultez.
Cuando se hizo un análisis adicional en el grupo de personas que respondieron un cuestionario a los cincuenta años, ajustando también por factores de la vida adulta (como el tabaco y el uso de hormonas), el sarampión siguió mostrando protección, y con más fuerza todavía.
1.4. Cómo explicar la reducción de riesgo
Los autores plantean dos explicaciones posibles de por qué el sarampión y la gripe podrían proteger contra el cáncer. La primera es que el sistema inmunitario, al enfrentarse a un virus, queda «entrenado» para reconocer también células cancerosas que se le parecen. Sería algo así como un entrenamiento cruzado: el cuerpo aprende a detectar un patrón y luego lo aplica a otros enemigos parecidos. La segunda es que las infecciones estimulan y educan al sistema de defensa, dejándolo más atento y preparado para eliminar células anormales antes de que se conviertan en un tumor.
1.5. Referencias
- [1] World Health Organization. Global health risks: mortality and burden of disease attributable to selected major risks. Geneva: WHO Press; 2009.
- [2] Blackwell DL, Hayward MD, Crimmins EM. Does childhood health affect chronic morbidity in later life? Soc Sci Med. 2001;52:1269–84.
- [3] Tennant PWG, Gibson GJ, Pearce MS. Lifecourse predictors of adult respiratory function: results from the Newcastle Thousand Families Study. Thorax. 2008;63:823–30.
- [4] Parkin DM. The global health burden of infection-associated cancers in the year 2002. Int J Cancer. 2006;118:3030–44.
- [5] Bach J-F. The effect of infections on susceptibility to autoimmune and allergic diseases. N Engl J Med. 2002;347:911–20.
- [6] Hoption Cann SA, van Netten JP, van Netten C. Acute infections as a means of cancer prevention: opposing effects to chronic infections? Cancer Detect Prev. 2006;30:83–93.
- [7] Pearl R. Cancer and tuberculosis. Am J Epidemiol. 1929;9:97.
- [8] Engel P. Über den Infektionsindex der Krebskranken. Wien Klin Wochenschr. 1934;47:1118–9.
- [9] Engel P. Über den Einfluss des Alters auf den Infektionsindex der Krebskranken. Wien Klin Wochenschr. 1935;48:112.
- [10] Sinek F. Versuch einer statistischen Erfassung endogener Faktoren bei Carcinomkranken. J Cancer Res Clin Oncol. 1936;44:492–527.
- [11] Abel U, Becker N, Angerer R, et al. Common infections in the history of cancer patients and controls. J Cancer Res Clin Oncol. 1991;117:339–44.
- [12] Albonico HU, Bräker HU, Hüsler J. Febrile infectious childhood diseases in the history of cancer patients and matched control. Med Hypotheses. 1998;51:315–20.
- [13] Hoffmann C, Rosenberger A, Tröger W, Bühring M. Kinderkrankheiten, Infektionskrankheiten und Fieber als potentielle Risikofaktoren für Krebserkrankungen? Forsch Komplementärmed. 2002;9:323–30.
- [14] Kölmel KF, Gefeller O, Haferkamp B. Febrile infections and malignant melanoma: results of a case-control study. Melanoma Res. 1992;2:207–12.
- [15] McDuffie HH, Pahwa P, McLaughlin JR, et al. Non-Hodgkin’s lymphoma and specific pesticide exposures in men: cross-Canada study of pesticides and health. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2001;10:1155–63.
- [16] Wrotek S, Kamecki K, Kwiatkowski S, Kozak W. Cancer patients report a history of fewer fevers during infections than healthy controls. J Pre-Clin Clin Res. 2009;3:31–5.
- [17] Green J, Cairns BJ, Casabonne D, Wright FL, Reeves G, Beral V. Height and cancer incidence in the Million Women Study: prospective cohort, and meta-analysis of prospective studies of height and total cancer risk. Lancet Oncol. 2011;12:785–94.
- [18] Pearce MS, Unwin NC, Parker L, Craft AW. Cohort profile: the Newcastle Thousand Families 1947 Birth Cohort. Int J Epidemiol. 2009;38:932–7.
- [19] Freeman JV, Cole TJ, Chinn S, Jones PR, White EM, Preece MA. Cross sectional stature and weight reference curves for the UK, 1990. Arch Dis Child. 1995;73:17–24.
- [20] Kuh DJ, Cooper C. Physical activity at 36 years: patterns and childhood predictors in a longitudinal study. J Epidemiol Community Health. 1992;46:114–9.
- [21] Tu SM. Heterogeneity of cancer. Origin of cancer: clinical perspectives and implications of a stem-cell theory of cancer. New York: Springer; 2010. p. 129–36.
- [22] Maynard M, Gunnell D, Emmett P, Frankel S, Davey Smith G. Fruit, vegetables, and antioxidants in childhood and risk of adult cancer: the Boyd Orr cohort. J Epidemiol Community Health. 2003;57:218–25.
- [23] Strachan DP, Cook DG. Health effects of passive smoking. 1. Parental smoking and lower respiratory illness in infancy and early childhood. Thorax. 1997;52:905–14.
- [24] Boffetta P, Trédaniel J, Greco A. Risk of childhood cancer and adult lung cancer after childhood exposure to passive smoke: a meta-analysis. Environ Health Perspect. 2000;108:73–82.
- [25] Newhouse ML, Pearson RM, Fullerton JM, Boesen EA, Shannon HS. A case control study of carcinoma of the ovary. Br J Prev Soc Med. 1977;31:148–53.
- [26] West RO. Epidemiologic study of malignancies of the ovaries. Cancer. 1966;19:1001–7.
- [27] Schiffman MH, Hartge P, Lesher LP, McGowan L. Mumps and postmenopausal ovarian cancer. Am J Obstet Gynecol. 1985;152:116.
- [28] Krone B, Kölmel KF, Henz BM, Grange JM. Protection against melanoma by vaccination with Bacille Calmette-Guérin (BCG) and/or vaccinia: an epidemiology-based hypothesis on the nature of a melanoma risk factor and its immunological control. Eur J Cancer. 2005;41:104–17.
- [29] Cramer DW, Finn OJ. Epidemiologic perspective on immune-surveillance in cancer. Curr Opin Immunol. 2011;23:265–71.
- [30] Sorahan T, Prior P, Lancashire RJ, et al. Childhood cancer and parental use of tobacco: deaths from 1971 to 1976. Br J Cancer. 1997;76:1525–31.
- [31] Simon MI, Strathmann MP, Gautam N. Diversity of G proteins in signal transduction. Science. 1991;252:802–8.
- [32] Mulholland EK, Griffiths UK, Biellik R. Measles in the 21st century. N Engl J Med. 2012;366:1755–7.
- [33] Guiso N, Liese J, Plotkin S. The Global Pertussis Initiative: meeting report from the fourth regional roundtable meeting, France, April 14–15, 2010. Hum Vaccin. 2011;7:481–8.
- [34] Kmietowicz Z. Pertussis cases rise 10-fold among older children and adults in England and Wales. BMJ. 2012;345:e5008.
Estudio 2. Infecciones infantiles y riesgo de leucemia en adultos
2.1. De qué trata el estudio
Este estudio investigó si haber pasado enfermedades infecciosas típicas de la infancia, como el sarampión, la varicela, la rubéola, las paperas o la tos ferina, influye en el riesgo de desarrollar leucemia en la edad adulta. La leucemia es un cáncer de la sangre, y la pregunta de fondo es si un sistema inmunitario que pasó por varias infecciones de chico queda mejor preparado para evitar este tipo de enfermedad.
2.2. Quiénes participaron y cómo se hizo
Se trata de un reanálisis de un gran estudio italiano de casos y controles. En este tipo de estudio se compara a personas enfermas (los casos) con personas sanas (los controles) para ver en qué se diferencian.
El estudio compara dos grupos de personas:
- Los «casos»: personas que sí tenían leucemia. Fueron 649.
- Los «controles»: personas sanas, sin leucemia, que sirven como punto de comparación. Fueron 1.771
La idea de un estudio de casos y controles es tomar a los enfermos («casos») y compararlos con gente similar pero sana («controles»), y observar en qué se diferencian. Al momento del diagnóstico eran adultos de entre veinte y setenta y cuatro años.
Para reducir los errores de memoria, los investigadores solo usaron, en el análisis principal, a las personas que fueron entrevistadas directamente y que recordaban bien la edad en que pasaron cada infección. Al final quedaron 1165 controles y 312 casos. Se les preguntó por cinco enfermedades de la infancia: sarampión, varicela, rubéola, paperas y tos ferina. Luego se comparó cuántas de esas infecciones había tenido cada persona, ajustando por edad, sexo, educación, tabaco y exposición a ciertos productos en el trabajo.
Los efectos secundarios de la vacuna contra el Sarampión, Rubeola y Paperas, SRP (MMR en EE.UU.) incluyen convulsiones, que ocurren en aproximadamente 1 de cada 640 niños vacunados, aproximadamente 5 veces más frecuentemente que las convulsiones por infección de sarampión, sepa como eximir a sus hijos de esta vacuna. Este compendio de estudios de expertos, contiene la suficiente evidencia para que los padres puedan presentar a sus médicos y abogados y prevenir que su hijos sean intoxicados con vacunas que no tienen los suficientes estudios de seguridad como corresponde. Tambien sirve para educar a los médicos sin pensamiento crítico. Descargar libro click aqui
2.3. Qué encontraron
El hallazgo principal fue sobre la leucemia linfática crónica (CLL), que es el tipo de leucemia más común en adultos. Expresaremos cada resultado de dos maneras: primero con el porcentaje aproximado de reducción del riesgo (lo más fácil de leer para cualquier persona) y luego, entre paréntesis, con el valor técnico original que usan los científicos.
Antes de empezar, una aclaración importante: los porcentajes son aproximaciones. El número técnico que usan los investigadores (llamado «odds ratio») no es exactamente lo mismo que un porcentaje de riesgo, pero se le parece mucho cuando la enfermedad es poco frecuente, como pasa con la leucemia. Por eso la conversión es válida para explicar el resultado de forma honesta, aunque no sea una equivalencia matemática perfecta. Los porcentajes sirven para dimensionar el efecto, y los valores entre paréntesis son el dato exacto del estudio.
Estos fueron los resultados:
Haber tenido al menos una infección: se asoció con una reducción aproximada del 34% en el riesgo de desarrollar leucemia linfática crónica (valor 0,66; rango de 0,45 a 0,97). En el mejor de los casos, la protección podía llegar al 55%, y en el peor, a apenas un 3%, pero siempre apuntando a menos riesgo.
Sarampión: reducción aproximada del 43% (valor 0,57; rango de 0,39 a 0,82). Es decir, los que habían tenido sarampión de chicos tenían un riesgo claramente menor de desarrollar esta leucemia. La protección podía ir del 61% al 18%.
Tos ferina: reducción aproximada del 34% (valor 0,66; rango de 0,45 a 0,98). Aquí la protección podía ir del 55% al 2%.
El hallazgo más llamativo: cuantas más infecciones había tenido la persona, menor era su riesgo. Quienes tuvieron una o dos infecciones tenían una reducción aproximada del 16% (valor 0,84). Pero quienes tuvieron tres o más infecciones bajaban a una reducción aproximada del 53% (valor 0,47; rango de 0,29 a 0,77). Es decir, con pocas infecciones la protección era modesta, y con tres o más casi se triplicaba. Esta tendencia fue estadísticamente significativa, lo que quiere decir que difícilmente se debe al azar.
Sobre la leucemia mieloide aguda (AML), solo la tos ferina mostró una protección clara, con una reducción aproximada del 48% (valor 0,52; rango de 0,32 a 0,87).
Un detalle interesante: la protección del sarampión pareció más fuerte cuando la infección ocurrió entre los seis y los catorce años, con una reducción aproximada del 55% (valor 0,45), y no tanto en la primera infancia.
Este documento contiene la suficiente evidencia cientifica (más de 150 referencias) para que las madres puedan presentar a sus médicos y abogados y lograr exenciones para prevenir ser dañadas con vacunas o inyecciones génicas, que no tienen los suficientes estudios de seguridad como corresponde. Tambien sirve para educar a los médicos sin pensamiento crítico. descargar libro, click aqui
2.4. Cómo explicar la reducción de riesgo
Los autores plantean dos explicaciones posibles. La primera es que algunas infecciones, especialmente el sarampión, tengan un efecto directo contra el cáncer, entrenando al sistema inmunitario para reconocer y eliminar células anormales. La segunda, y la que ellos consideran más probable dado el patrón observado, es la llamada hipótesis de la higiene: la idea de que pasar por varias infecciones durante la infancia «educa» al sistema de defensa y lo deja mejor regulado, lo que a la larga protege contra enfermedades como la leucemia.
El hecho de que el riesgo bajara de forma progresiva a medida que aumentaba el número de infecciones apoya esta segunda explicación, porque sugiere un efecto general del «entrenamiento» inmunitario, y no solo de una enfermedad en particular.
2.5. Referencias
- [1] Kane EV, Roman E, Cartwright R, Parker J, Morgan G. Tobacco and the risk of acute leukaemia in adults. Br J Cancer. 1999;81:1228–33.
- [2] Ilhan G, Karakus S, Andic N. Risk factors and primary prevention of acute leukemia. Asian Pac J Cancer Prev. 2006;7:515–7.
- [3] Daniels RD, Schubauer-Berigan MK. A meta-analysis of leukaemia risk from protracted exposure to low-dose gamma radiation. Occup Environ Med. 2011;68:457–64.
- [4] Tsushima H, Iwanaga M, Miyazaki Y. Late effect of atomic bomb radiation on myeloid disorders: leukemia and myelodysplastic syndromes. Int J Hematol. 2012;95:232–8.
- [5] Shanshal M, Haddad RY. Chronic lymphocytic leukemia. Dis Mon. 2012;58:153–67.
- [6] Schnatter AR, Glass DC, Tang G, Irons RD, Rushton L. Myelodysplastic syndrome and benzene exposure among petroleum workers: an international pooled analysis. J Natl Cancer Inst. 2012;104:1724–37.
- [7] Vlaanderen J, Lan Q, Kromhout H, Rothman N, Vermeulen R. Occupational benzene exposure and the risk of lymphoma subtypes: a meta-analysis of cohort studies incorporating three study quality dimensions. Environ Health Perspect. 2011;119:159–67.
- [8] Cocco P, t’Mannetje A, Fadda D, Melis M, Becker N, de Sanjosé S, et al. Occupational exposure to solvents and risk of lymphoma subtypes: results from the Epilymph case-control study. Occup Environ Med. 2010;67:341–7.
- [9] Greaves M. Infection, immune responses and the aetiology of childhood leukaemia. Nat Rev Cancer. 2006;6:193–203.
- [10] zur Hausen H. Childhood leukemias and other hematopoietic malignancies: interdependence between an infectious event and chromosomal modifications. Int J Cancer. 2009;125:1764–70.
- [11] Cartwright RA, Bernard SM, Bird CC, Darwin CM, O’Brien C, Richards ID, et al. Chronic lymphocytic leukaemia: case control epidemiological study in Yorkshire. Br J Cancer. 1987;56:79–82.
- [12] Vineis P, Miligi L, Crosignani P, Davico L, Fontana A, Masala G, et al. Delayed infection, late tonsillectomy or adenoidectomy and adult leukaemia: a case-control study. Br J Cancer. 2003;88:47–9.
- [13] Parodi S, Santi I, Marani E, Casella C, Puppo A, Sola S, et al. Infectious diseases and risk of leukemia and non-Hodgkin’s lymphoma: a case-control study. Leuk Res. 2012;36:1354–8.
- [14] Stagnaro E, Ramazzotti V, Crosignani P, Fontana A, Masala G, Miligi L, et al. Smoking and hematolymphopoietic malignancies. Cancer Causes Control. 2001;12:325–34.
- [15] Masala G, Di Lollo S, Picoco C, Crosignani P, Demicheli V, Fontana A, et al. Incidence rates of leukemias, lymphomas and myelomas in Italy: geographic distribution and NHL histotypes. Int J Cancer. 1996;68:156–9.
- [16] Hosmer DW, Lemeshow S. Applied logistic regression. 2nd ed. New York: John Wiley & Sons, Inc.; 2000.
- [17] ILO (International Labour Office). International standard classification of occupations. Geneva: ILO; 1968.
- [18] Montella M, Maso LD, Crispo A, Talamini R, Bidoli E, Grimaldi M, et al. Do childhood diseases affect NHL and HL risk? A case-control study from northern and southern Italy. Leuk Res. 2006;30:917–22.
- [19] Weisenburger DD. Pathological classification of non-Hodgkin’s lymphoma for epidemiological studies. Cancer Res. 1992;52:5456s–5462s.
- [20] Becker N, Falster MO, Vajdic CM, de Sanjose S, Martínez-Maza O, Bracci PM, et al. Self-reported history of infections and the risk of non-Hodgkin lymphoma: an InterLymph pooled analysis. Int J Cancer. 2012;131:2342–8.
- [21] Cooper GS, Kamel F, Sandler DP, Davey FR, Bloomfield CD. Risk of adult acute leukemia in relation to prior immune-related conditions. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 1996;5:867–72.
- [22] Zheng W, Linet MS, Shu XO, Pan RP, Gao YT, Fraumeni JF Jr. Prior medical conditions and the risk of adult leukemia in Shanghai, People’s Republic of China. Cancer Causes Control. 1993;4:361–8.
- [23] Kristinsson SY, Björkholm M, Hultcrantz M, Derolf ÅR, Landgren O, Goldin LR. Chronic immune stimulation might act as a trigger for the development of acute myeloid leukemia or myelodysplastic syndromes. J Clin Oncol. 2011;29:2897–903.
- [24] Larfors G, Hallböök H, Simonsson B. Parental age, family size, and offspring’s risk of childhood and adult acute leukemia. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2012;21:1185–90.
- [25] Gabutti G, Rota MC, Salmaso S, Bruzzone BM, Bella A, Crovari P; Serological Study Group. Epidemiology of measles, mumps and rubella in Italy. Epidemiol Infect. 2002;129:543–50.
- [26] Salmaso S, Stazi MA, Luzi S, Greco D. Immunization coverage in Italy. Bull WHO. 1987;65:841–6.
Estudio 3. Sarampión y paperas, y enfermedad cardiovascular
3.1. De qué trata el estudio
Este estudio investigó si haber pasado sarampión o paperas en la infancia reduce el riesgo de morir por enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos, es decir, por enfermedad cardiovascular. El punto de partida es una idea llamada hipótesis de la higiene: la propuesta de que las infecciones sufridas de chico ayudan a «educar» el sistema inmunitario y a mantener bajo control la inflamación, lo que a la larga protege las arterias.
3.2. Quiénes participaron y cómo se hizo
Es un estudio japonés muy grande, llamado JACC, que siguió a más de cien mil personas: cuarenta y tres mil seiscientos ochenta y nueve hombres y sesenta mil ciento cuarenta y siete mujeres, de entre cuarenta y setenta y nueve años al comienzo, entre 1988 y 1990. Se les preguntó si habían tenido sarampión y paperas, y se los siguió hasta el año 2009, registrando todas las muertes por enfermedad cardiovascular.
Un detalle clave: estas personas nacieron antes de que la vacuna triple vírica (contra sarampión, paperas y rubéola) llegara a Japón, que fue recién en 1989. Es decir, casi todos pasaron estas enfermedades de forma natural, lo que permite estudiar su efecto real.
Se dividió a la gente en cuatro grupos: los que no habían tenido ninguna de las dos infecciones (el grupo de referencia, con el que se compara), los que solo tuvieron sarampión, los que solo tuvieron paperas, y los que tuvieron ambas. Se comparó la mortalidad por enfermedad cardiovascular en cada grupo, ajustando por edad, presión arterial, diabetes, tabaco, alcohol, ejercicio y otros factores.
La seguridad de las vacunas contra la hepatitis B que se administran a los recién nacidos no se ha probado en un solo ensayo clínico controlado aleatorio con placebo inerte como se manifiesta en los propios prospectos y tiene sobredosis de aluminio neurotóxico. Este compendio de estudios de expertos, contiene la suficiente evidencia para que los padres puedan presentar a sus médicos y abogados y prevenir que su hijos sean intoxicados con vacunas que no tienen los suficientes estudios de seguridad como corresponde. Tambien sirve para educar a los médicos sin pensamiento crítico. Descargar libro click aqui
3.3. Qué encontraron
El resultado general fue claro: haber tenido sarampión o paperas se asoció con un menor riesgo de morir por enfermedad cardiovascular, y tener ambas era todavía mejor. Como en los estudios anteriores, expreso cada resultado de dos maneras: primero con el porcentaje aproximado de reducción del riesgo (lo más fácil de leer) y luego, entre paréntesis, con el valor técnico original del estudio.
Los resultados:
- Hombres que solo tuvieron sarampión: una reducción aproximada del 8% en el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular total (valor 0,92; rango de 0,85 a 0,99). Una protección modesta pero real.
- Hombres que solo tuvieron paperas: una reducción aproximada del 48% en el riesgo de morir por ictus (derrame cerebral) total (valor 0,52; rango de 0,28 a 0,94), y del 79% en el riesgo de ictus hemorrágico (valor 0,21; rango de 0,05 a 0,86). Es decir, una protección muy marcada, sobre todo para el derrame hemorrágico.
- Hombres que tuvieron ambas infecciones: una reducción aproximada del 20% en el riesgo de enfermedad cardiovascular total (valor 0,80; rango de 0,71 a 0,90), del 29% para el infarto de miocardio (valor 0,71; rango de 0,53 a 0,93), y del 17% para el ictus total (valor 0,83; rango de 0,69 a 0,98).
- Mujeres que tuvieron ambas infecciones: una reducción aproximada del 17% en el riesgo de enfermedad cardiovascular total (valor 0,83; rango de 0,74 a 0,92), y del 16% para el ictus total (valor 0,84; rango de 0,71 a 0,99).
Además, los investigadores compararon a los que tuvieron una sola infección con los que tuvieron dos. Resultó que tener dos infecciones protegía más que tener solo una:
- En hombres, tener ambas infecciones reducía el riesgo de enfermedad cardiovascular total en aproximadamente un 12%, comparado con tener una sola (valor 0,88; rango de 0,78 a 0,99).
- En mujeres, tener ambas infecciones reducía el riesgo de enfermedad cardiovascular total en aproximadamente un 15% (valor 0,85; rango de 0,76 a 0,94), el de ictus total en un 21% (valor 0,79; rango de 0,67 a 0,93), el de ictus isquémico en un 22% (valor 0,78; rango de 0,62 a 0,98) y el de ictus hemorrágico también en un 22% (valor 0,78; rango de 0,62 a 0,98).
Cuantas más de estas infecciones había pasado la persona de chica, menor era su riesgo de morir del corazón o de un derrame de grande. Esto se ajusta con la hipótesis de la higiene: más «entrenamiento» inmunitario, más protección.
Del mismo modo que hoy nos intentan seguir engañado con los beneficios de la inyección contra Covid, la historia de la vacuna contra la polio ha sido tergiversada. La verdadera historia de la vacuna contra la polio es muy diferente a la que le han relatado a los médicos en la facultad de Medicina y es todo lo opuesto. Descargar click aqui
3.4. Cómo explicar la reducción de riesgo
La explicación que proponen los autores tiene que ver con unas células del sistema inmunitario llamadas células T reguladoras. Estas células funcionan como los «frenos» del sistema de defensa: evitan que la inflamación se descontrole. La idea es que las infecciones de la infancia estimulan la producción de estas células reguladoras, y que una inflamación bien controlada en las paredes de las arterias frena el avance de la aterosclerosis, que es el endurecimiento y obstrucción de las arterias que conduce a infartos y derrames.
De hecho, mencionan que ya se había demostrado en ratones que el virus del sarampión, a través de una de sus proteínas, induce estas células reguladoras y reduce la aterosclerosis. Este estudio vendría a confirmar, en personas, ese mecanismo protector.
3.5. Referencias
- [1] Pesonen E, Andsberg E, Ohlin H, Puolakkainen M, Rautelin H, Sarna S, et al. Dual role of infections as risk factors for coronary heart disease. Atherosclerosis. 2007;192:370–5.
- [2] Roivainen M, Alfthan G, Jousilahti P, Kimpimäki M, Hovi T, Tuomilehto J. Enterovirus infections as a possible risk factor for myocardial infarction. Circulation. 1998;98:2534–7.
- [3] Siscovick DS, Schwartz SM, Corey L, Grayston JT, Ashley R, Wang SP, et al. Chlamydia pneumoniae, herpes simplex virus type 1, and cytomegalovirus and incident myocardial infarction and coronary heart disease death in older adults: the Cardiovascular Health Study. Circulation. 2000;102:2335–40.
- [4] Roivainen M, Viik-Kajander M, Palosuo T, Toivanen P, Leinonen M, et al. Infections, inflammation, and the risk of coronary heart disease. Circulation. 2000;101:252–7.
- [5] Mayr M, Kiechl S, Willeit J, Wick G, Xu Q. Infections, immunity, and atherosclerosis: associations of antibodies to Chlamydia pneumoniae, Helicobacter pylori, and cytomegalovirus with immune reactions to heat-shock protein 60 and carotid or femoral atherosclerosis. Circulation. 2000;102:833–9.
- [6] Zhu J, Nieto FJ, Horne BD, Anderson JL, Muhlestein JB, Epstein SE. Prospective study of pathogen burden and risk of myocardial infarction or death. Circulation. 2001;103:45–51.
- [7] Rook GA. 99th Dahlem conference on infection, inflammation and chronic inflammatory disorders: Darwinian medicine and the ‘hygiene’ or ‘old friends’ hypothesis. Clin Exp Immunol. 2010;160:70–9.
- [8] Ait-Oufella H, Horvat B, Kerdiles Y, Herbin O, Gourdy P, Khallou-Laschet J, et al. Measles virus nucleoprotein induces a regulatory immune response and reduces atherosclerosis in mice. Circulation. 2007;116:1707–13.
- [9] Anderson RM, May RM. Age-related changes in the rate of disease transmission: implications for the design of vaccination programmes. J Hyg (Lond). 1985;94:365–436.
- [10] Tamakoshi A, Ozasa K, Fujino Y, Suzuki K, Sakata K, Mori M, et al. Cohort profile of the Japan Collaborative Cohort Study at final follow-up. J Epidemiol. 2013;23:227–32.
- [11] Isomura S. Measles and measles vaccine in Japan. Nagoya J Med Sci. 1993;55:23–32.
- [12] Bach JF. The effect of infections on susceptibility to autoimmune and allergic diseases. N Engl J Med. 2002;347:911–20.
- [13] Nafstad P, Brunekreef B, Skrondal A, Nystad W. Early respiratory infections, asthma, and allergy: 10-year follow-up of the Oslo birth cohort. Pediatrics. 2005;116:255–62.
- [14] Sasaki N, Yamashita T, Takeda M, Shinohara M, Nakajima K, Tawa H, et al. Oral anti-CD3 antibody treatment induces regulatory T cells and inhibits the development of atherosclerosis in mice. Circulation. 2009;120:1996–2005.
- [15] Kita Y, Okayama A, Ueshima H, Wada M, Nozaki A, Choudhury SR, et al. Stroke incidence and case fatality in Shiga, Japan 1989–1993. Int J Epidemiol. 1999;28:1059–65.
- [16] Baba S, Ozawa H, Sakai Y, Terao A, Konishi M, Tatara K. Heart disease deaths in a Japanese urban area evaluated by clinical and police records. Circulation. 1994;89:109–15.

Descargar desde https://red.cienciaysaludnatural.com/
DMSO, Dimetíl Sulfóxido, usos: Accidentes cerebrovasculares, hemorragias cerebrales, lesiones cerebrales y de la columna, parálisis, ataques cardíacos, demencia, amiloidosis, más, descargar desde https://red.cienciaysaludnatural.com/
Parásitos, tratamientos naturales, hierbas y alimentos que pueden librarnos de varios tipos de parásitos: Cáscara de nuez negra, Ajenjo, Clavo de olor y otras, desontoxicación durante y post-tratamiento, como restaurar el microbioma. Más de 200 referencias científicas. Descargar aqui
Diferentes alternativas han demostrado una importante actividad antiinflamatoria y antioxidante, lo que contribuye a reducir la inflamación y el daño tisular. Estas ofrecen un método complementario o alternativo para un tratamiento eficaz y seguro. En esta revisión, se toman en cuenta la seguridad y la eficacia (incluidos los resultados en cuanto al dolor y la inflamación). Descargar click aqui









