lunes , 17 agosto 2026

Como manipulan los estudios para ocultar el vínculo entre las vacunas y el autismo

Clarkson E. The Obfuscation of the Confounded Relationship between Vaccines and Autism. Science, Public Health Policy, and the Law. 2026;10:1–15. An institute for Pure and Applied Knowledge (IPAK), Public Health Policy Initiative (PHPI). https://publichealthpolicyjournal.com/the-obfuscation-of-the-confounded-relationship-between-vaccines-and-autism/

Índice de contenidos

  1. Introducción
  2. Captura de las agencias reguladoras por parte de la industria
  3. Métodos
    • 3.1 La hipótesis nula (The Null Hypothesis)
    • 3.2 Mentiras y estadísticas (Lies, and Statistics)
    • 3.3 Variables de confusión (Confounded Variables)
  4. Resultados
  5. Discusión
    • 5.1 Informe técnico sobre timerosal y autismo, Volúmenes I y II (Thimerosal and Autism Technical Report Volumes I and II)
    • 5.2 Vacunación contra sarampión, paperas y rubéola y autismo: un estudio de cohorte a nivel nacional (Measles, Mumps, Rubella Vaccination and Autism: A Nationwide Cohort Study)
    • 5.3 Niveles de aluminio en sangre y cabello, historial de vacunación y desarrollo infantil temprano: un estudio transversal (Blood and Hair Aluminum Levels, Vaccine History, and Early Infant Development: A Cross-Sectional Study)
    • 5.4 La exposición creciente a proteínas y polisacáridos estimulantes de anticuerpos en las vacunas no se asocia con el riesgo de autismo (Increasing Exposure to Antibody-Stimulating Proteins and Polysaccharides in Vaccines Is Not Associated with Risk of Autism)
  6. Conclusión
  7. Recomendaciones de política
  8. Referencias del estudio
  9. Referencias adicionales

1. Introducción

El estudio de Elizabeth Clarkson, publicado en enero de 2026 en la revista Science, Public Health Policy, and the Law (volumen 10), parte de un dato que conviene tener presente desde el principio: los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) estiman que 1 de cada 36 niños ha sido identificado con trastorno del espectro autista (TEA o, simplemente, autismo) (1). Más preocupante aún: los mismos CDC informaron que el 26,7 % de los niños de 8 años con autismo son «profundamente autistas» (2). Si ese porcentaje se aplicara a toda la población infantil, significaría que aproximadamente siete de cada mil niños (el 0,7 %) en Estados Unidos padecen un autismo profundo.

La relación entre vacunas y autismo es anterior a la Ley Nacional de Lesiones por Vacunación en la Infancia de 1986 (Public Law 99-660), una ley que, de hecho, incluía un requisito de estudiar específicamente la vacuna de la tos ferina (pertussis) y el autismo (3).

Una encuesta en 38 países encontró que cerca de una de cada cinco personas cree que «algunas vacunas causan autismo en niños sanos» (5).

La tesis central del estudio es que el problema está en el origen del financiamiento de la investigación sobre vacunas. La investigación publicada sobre seguridad vacunal está financiada en gran parte por los propios fabricantes de vacunas y se enfoca de manera que sirva a los intereses de la industria, dejando los riesgos y beneficios para el público como una consideración secundaria. Esto es una señal de captura de la industria sobre las agencias reguladoras. El simple hecho de que exista un conflicto de intereses tan evidente degrada la confianza del público en la información oficial.

2. Captura de las agencias reguladoras por parte de la industria

Antes de seguir, conviene definir qué es la captura regulatoria o captura de la industria. Se trata de un fenómeno bien documentado en el que una agencia pública encargada de regular a un sector industrial acaba sirviendo los intereses de ese sector en lugar de los del público al que debería proteger. Las grandes corporaciones se convierten en los «clientes principales» de la agencia reguladora, le aportan buena parte de sus ingresos y recompensan la cooperación ofreciendo a los empleados de la agencia puestos bien remunerados en la industria al final de sus carreras. Es lo que se conoce como «puerta giratoria» (revolving door).

El argumento es que la sociedad sabe cómo prevenir varios tipos de accidentes, pero las agencias relajaron los requisitos para permitir que las corporaciones recortaran costos, aumentando la probabilidad de desastres evitables y actualmente se ignora completamente el principio de precaución.

Los padres no reciben datos precisos sobre las preguntas que realmente quieren responder. Cita un informe del Instituto de Medicina de 2013 que reconocía abiertamente esta carencia: ningún estudio había comparado las diferencias en resultados de salud entre poblaciones de niños completamente no vacunados y niños totalmente vacunados, y los expertos señalaban que la investigación existente no estaba diseñada para evaluar el calendario completo de vacunación (6). Más de una década después, esos estudios sobre el calendario completo siguen sin existir.

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3. Métodos

3.1 La hipótesis nula

No encontrar pruebas de un daño no es lo mismo que demostrar que el daño no existe.

La hipótesis nula es lo que asumimos «por defecto» antes de mirar los datos: es la postura de que no pasa nada especial. Es el punto de partida escéptico.

Existen dos tipos de error posibles en una prueba estadística:

  • Error de tipo I: rechazar incorrectamente la hipótesis nula cuando en realidad es verdadera (concluir que algo existe cuando no existe).
  • Error de tipo II: no rechazar incorrectamente la hipótesis nula cuando en realidad es falsa (concluir que algo no existe cuando sí existe).

Estos dos errores están inversamente relacionados y ambos dependen del tamaño de la muestra.

Agunos estudios publicados sobre vacunas y autismo parten de una hipótesis nula que asume que no existe relación entre vacunas y autismo. Esto favorece de forma no intencionada pero universal la conclusión de que la vacuna es segura, porque se exige evidencia muy fuerte antes de reconocer un posible problema, mientras que la probabilidad de aceptar incorrectamente la conclusión de «no hay relación» es más alta. Los padres deciden sobre vacunar o no a sus hijos basándose en una conclusión errónea sobre la seguridad

3.2 Mentiras y estadísticas

La negación constante de una relación causal entre vacunas y autismo por parte de las autoridades sanitarias ha producido una grave falta de comunicación con el público (7).

La afirmación de que «no hay relación» es mucho más fuerte de lo que la evidencia publicada realmente respalda.

El conocimiento científico se basa en plantear hipótesis muy explícitas para las pruebas estadísticas, con el objetivo de mantener muy bajo el riesgo de concluir erróneamente que existe una relación. Para definir la probabilidad del riesgo del consumidor (los que serán vacunados) en lugar del riesgo del productor, se requiere una reescritura especializada de la prueba estadística —las llamadas pruebas de equivalencia—, algo que exige establecer una «diferencia mínima detectable» por parte del analista junto con el comité que diseña el estudio (8). El marco estadístico convencional está estructuralmente sesgado a favor de no detectar daños, a menos que se haga un esfuerzo deliberado y técnicamente sofisticado para que se ha evitado hacer por décadas

3.3 Variables de confusión

Los científicos hacen bien en buscar factores de confusión, y cuando los encuentran, concluyen correctamente que no pueden afirmar que la relación existe basándose solo en la correlación. Pero —y esto es fundamental— establecer que existe una variable de confusión no es motivo para concluir que no hay relación causal. Todo lo que la estadística puede establecer es que ciertas variables están correlacionadas. Las variables de confusión son variables que el investigador no controla o no elimina y que dañan la validez interna de un experimento.

En los estudios de vacunas, aunque no se pueda probar algo porque faltan los datos, a veces se apresuran en concluir que la hipótesis nula es verdadera (no hay relación causal), a pesar de que su propia evidencia sugiera lo contrario.

El estudio pone un ejemplo concreto tomado de un artículo revisado por pares sobre vacunas y alergias (9). Ese artículo concluye:

«En resumen, aunque nuestros resultados en un estudio de cohorte observacional demostraron una asociación positiva entre la vacunación y la enfermedad alérgica, esta asociación puede explicarse por un sesgo de verificación. Estos datos, junto con otras evidencias publicadas, sugieren que las prácticas de vacunación actuales no tienen un efecto adverso sobre la incidencia de enfermedades alérgicas.»

El sesgo de verificación era una variable de confusión hipotética para la que no se disponía de datos. Considerarla como una explicación de una posible asociación positiva estadísticamente significativa encontrada es legítimo como advertencia o matiz, pero no es suficiente para concluir que no había relación causal. Se necesita más investigación para determinar si la correlación se debía a las vacunas o a la variable hipotética.

Este artículo demuestra una ofuscación cultural de la respuesta sobre el daño de las vacunas: la conclusión es el resultado de las prácticas científicas actuales.

4. Resultados

Publicar un artículo que vincule las vacunas con el autismo probablemente afectaría las tasas de vacunación (10). Esto es desaconsejado de forma universal por las organizaciones de salud pública.

La influencia de la industria sobre los estudios publicados resulta en que la investigación solo se financia si se espera que las respuestas beneficien a la industria. El resultado es un fuerte sesgo de publicación contra los estudios que reportan hallazgos negativos sobre la vacunación (11).

Sin embargo existe una relación, esta correlación o bien no se menciona, o bien se aborda y descarta en un solo párrafo breve.

Los análisis estadísticos y los modelos predictivos requieren muchas decisiones subjetivas por parte del analista. Y esas decisiones pueden usarse para ocultar algunos hallazgos y promover un resultado deseado. Cada uno de los artículos que analiza a continuación ilustra una forma diferente en que los resultados pudieron haberse manipulado para llegar a la conclusión deseada —que las vacunas no están vinculadas al autismo— y una falta de evidencia de lo contrario.

Un punto sobre la transparencia importante: si los datos de estos artículos estuvieran disponibles (no lo están), un experto independiente podría determinar qué explicaciones de esa relación son improbables y cuáles son probables. La autora contactó con el autor correspondiente de cada artículo para solicitar acceso a los datos (con el debido cegamiento para proteger la identidad de los sujetos) y así verificar sus análisis. En todos los casos, la solicitud fue ignorada o denegada. Para Clarkson, los estudios que no permiten reproducir el análisis de datos por parte de investigadores independientes son sospechosos, porque carecen de transparencia y reproducibilidad.

Dos de los artículos muestran un resultado estadísticamente significativo inesperado: los niños no vacunados tenían una mayor probabilidad de recibir también un diagnóstico de autismo. Aunque esto no implica una relación causal entre vacunas y autismo, sí implica que existe alguna relación entre ambas variables. Si queremos entender el autismo y qué podría influir en él, estos hallazgos requieren más investigación.

La seguridad de las vacunas contra la hepatitis B que se administran a los recién nacidos no se ha probado en un solo ensayo clínico controlado aleatorio con placebo inerte como se manifiesta en los propios prospectos y tiene sobredosis de aluminio neurotóxico. Este compendio de estudios de expertos, contiene la suficiente evidencia para que los padres puedan presentar a sus médicos y abogados y prevenir que su hijos sean intoxicados con vacunas que no tienen los suficientes estudios de seguridad como corresponde. Tambien sirve para educar a los médicos sin pensamiento crítico. Descargar libro click aqui

5. Discusión

5.1 Informe técnico sobre timerosal y autismo, Volúmenes I y II

El timerosal es un conservante que contiene mercurio y que se ha utilizado en algunas vacunas y en algunos países se sigue utilizando. Este informe, elaborado para el Programa Nacional de Inmunización de los CDC, fue el primer análisis detallado y exhaustivo de la relación entre el timerosal en las vacunas y el autismo (12, 13). Es un informe extenso en dos volúmenes que presenta los resultados de muchos modelos diferentes examinando distintos factores.

El resultado clave: los datos mostraron una relación positiva estadísticamente significativa entre el timerosal en las vacunas y el autismo en varones (Vol. I, sección 9.4.2.6). Sin embargo, los autores rechazaron este resultado con un solo párrafo breve, insuficiente para justificar esa decisión:

«Las estimaciones de los parámetros para las exposiciones acumuladas desde el nacimiento hasta los siete meses y desde el nacimiento hasta los 20 meses iban en una dirección que sugería que una mayor exposición se relacionaba con un menor riesgo de trastorno autista o de trastorno del espectro autista. Aunque estos resultados fueron estadísticamente significativos, no conocemos un mecanismo biológico plausible que condujera a este resultado. Por lo tanto, interpretamos este resultado como un hallazgo casual.»

La razón es técnica pero importante: en modelos de este tipo, algunas de las covariables (variables de control) incluidas en el modelo están altamente correlacionadas. (14)

Es decir: el hecho de que el resultado fuera «en dirección contraria a lo esperado» (mayor exposición asociada a menor riesgo) podría ser un artefacto estadístico causado por la inclusión de covariables correlacionadas, no una razón para descartar el hallazgo. Esto parece una elección deliberada de descartar públicamente la correlación, con el objetivo de ofuscar la relación estadísticamente significativa encontrada, en lugar de recomendar apoyo para dedicar tiempo y recursos a comprender qué había detrás de esa correlación positiva inesperada.

Los modelos complejos usan muchas covariables en un intento de aislar el efecto de la variable de interés (la contribución de las vacunas a la incidencia de autismo) controlando los efectos de las covariables asociadas. La elección de los factores de confusión a incluir es precisamente un lugar donde un investigador podría manipular los hallazgos para alinearlos con el resultado deseado. Incluir covariables que provoquen un cambio de signo en la correlación —que luego se descarta como «hallazgo casual» por la dirección del signo— es una forma de hacerlo.

Sin acceso al conjunto de datos, no se puede evaluar si la confusión afectó la dirección de la relación entre timerosal y autismo. Y aquí viene un detalle revelador sobre el acceso a los datos: aunque el informe fue publicado por los CDC (y por tanto, en teoría, los datos deberían ser públicos), para acceder incluso a un conjunto de datos limitado que incluya solo las variables usadas en el análisis publicado, los CDC exigen que el solicitante proporcione, a su propio costo, un protocolo aprobado por un Comité de Ética de la Investigación (IRB) y una carta de aprobación del IRB. Exigir aprobación del IRB para acceder a una base de datos con el fin de verificar la validez de los modelos de un estudio —cuando los datos ya se obtuvieron con aprobación del IRB— crea, una barrera financiera innecesaria para los investigadores independientes. La autora de este estudio no pudo obtener esta información.

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5.2 Vacunación contra sarampión, paperas y rubéola y autismo: un estudio de cohorte a nivel nacional

Este es el conocido estudio danés de Hviid y colaboradores (15) sobre la vacuna triple vírica, SRP (MMR, por sus siglas en inglés: measles, mumps, rubella). Es uno de los estudios más citados para afirmar que la vacuna SRP no causa autismo.

El método que usaron: análisis de supervivencia del tiempo hasta el diagnóstico de autismo mediante regresión de riesgos proporcionales de Cox, con ajuste por edad, año de nacimiento, sexo, otras vacunas infantiles, antecedentes de autismo en hermanos y factores de riesgo de autismo (basados en una puntuación de riesgo de enfermedad).

El estudio lista como fuente principal de financiamiento la Fundación Novo Nordisk, propietaria de Novo Holdings A/S, una sociedad de cartera que es el accionista mayoritario de Novo Nordisk, un importante grupo farmacéutico danés.

Los autores no mencionan que los niños incluidos en el estudio tienen 1,7 veces más probabilidades de ser diagnosticados con autismo si NO están vacunados con la SRP. Para Clarkson, esto parece una ofuscación (encubrir) deliberada del hallazgo estadísticamente más significativo del artículo: la drástica diferencia en las tasas de autismo entre los niños vacunados con SRP y los no vacunados.

Un simple test de chi-cuadrado (una prueba estadística que evalúa si una distribución observada se debe al azar) sobre estos datos muestra que el autismo no se distribuye al azar entre los niños vacunados y no vacunados con la SRP:

Datos del estudio de HviidNo vacunadosVacunadosTotal
Casos incluidos en el análisis final31.619625.842657.461
Casos con diagnóstico de autismo5255.9926.517
% con diagnóstico de autismo1,66 %0,96 %0,99 %

La probabilidad de que esta diferencia en las tasas de autismo ocurra por azar es de 7,944 × 10⁻³⁵ (Es decir, una posibilidad entre trillones de trillones). Bajo la hipótesis nula se esperaban solo 313 casos de autismo en niños no vacunados, y hubo 525.

Para la autora, esto es un fuerte indicio de que existe alguna relación entre el autismo y la vacuna SRP. Y plantea preguntas incómodas: ¿Por qué los padres que rechazaron la SRP tenían mucha más probabilidad de que su hijo recibiera un diagnóstico de autismo? ¿Por qué este hallazgo no impulsó más investigación sobre qué podría causar esta diferencia?

Con más de 650.000 niños incluidos, curar todo el conjunto de datos requiere decisiones subjetivas por parte de los investigadores. Se excluyeron 5.775 niños al inicio y otros 6.518 fueron «censurados» (retirados del seguimiento) durante el estudio. Menos del 2 % del total fue excluido, una cantidad razonable.

La autora señala dos puntos sospechosos:

  1. Los criterios de exclusión son un lugar donde un investigador deshonesto podría manipular los hallazgos. Dado el tamaño extremadamente grande de la muestra, la diferencia entre la tasa de autismo de la población general de Dinamarca (1,65 %) y la tasa en los sujetos incluidos (0,99 %) es sospechosa.
  2. Si los autores proporcionaran datos sobre la tasa de autismo de los casos excluidos/censurados (separando vacunados y no vacunados), la hipótesis de un investigador deshonesto podría probarse: si hay muchos más niños vacunados con autismo en la muestra excluida de lo esperado, se podría concluir que los resultados se manipularon mediante la elección de parámetros de exclusión para ajustarlos al resultado final.

La solicitud de información adicional sobre el conjunto de datos fue denegada. La autora no pudo obtener más información sobre los diagnósticos del modelo ni sobre los niños excluidos.

Los efectos secundarios de la vacuna contra el Sarampión, Rubeola y Paperas, SRP (MMR en EE.UU.) incluyen convulsiones, que ocurren en aproximadamente 1 de cada 640 niños vacunados, aproximadamente 5 veces más frecuentemente que las convulsiones por infección de sarampión, sepa como eximir a sus hijos de esta vacuna. Este compendio de estudios de expertos, contiene la suficiente evidencia para que los padres puedan presentar a sus médicos y abogados y prevenir que su hijos sean intoxicados con vacunas que no tienen los suficientes estudios de seguridad como corresponde. Tambien sirve para educar a los médicos sin pensamiento crítico. Descargar libro click aqui

5.3 Niveles de aluminio en sangre y cabello, historial de vacunación y desarrollo infantil temprano: un estudio transversal

Este estudio de Karwowski y colaboradores (16) tenía como objetivo evaluar las relaciones entre los niveles de aluminio en sangre total (B-Al) y en cabello (H-Al) en bebés sanos, su historial de inmunización y su desarrollo. Fue financiado por la Fundación Gerber y la Agencia para el Registro de Sustancias Tóxicas y Enfermedades (ATSDR).

El aluminio es relevante porque se usa como adyuvante en muchas vacunas (una sustancia que potencia la respuesta inmunitaria). El estudio de Karwowski ha sido usado para justificar la conclusión de que no hay asociación entre el aluminio de las vacunas infantiles y el desarrollo del niño, pero en realidad no hace esa afirmación.

El punto crítico que señala Clarkson: el estudio no concluye nada sobre la relación entre el aluminio de las vacunas (CAL, por cumulative aluminum) y el desarrollo motor, del lenguaje y cognitivo del niño (medido por las puntuaciones de la escala BSID), porque ese análisis no se incluyó en el artículo.

La pregunta que plantea la autora es directa: ¿Los autores simplemente olvidaron hacer un análisis que vinculara la variable independiente principal (CAL) con la variable dependiente principal (puntuaciones BSID)? ¿O los resultados del análisis no se incluyeron porque los autores temían el efecto de asustar a los padres y alejarlos de las vacunas (lo que implicaría hallazgos negativos)? Es difícil creer que los autores no fueran conscientes de la necesidad de comparar directamente esas dos variables.

La lógica es impecable: si hubiera correlaciones positivas significativas entre CAL y las puntuaciones BSID medidas, sería una evidencia que vincularía las vacunas con un posible daño neurológico en niños pequeños. Si no apareciera, sería una evidencia que respaldaría la seguridad de usar adyuvantes de aluminio.

La ausencia de este análisis deja al lector sin ninguna evaluación de la seguridad de ese ingrediente en relación con el número total de vacunas recibidas durante el primer año de vida. Es una pregunta actualmente sin estudiar en la literatura científica, y este estudio podría haber ayudado a llenar ese vacío. No lo hizo, pero a menudo se cita como respaldo de la seguridad de los adyuvantes de aluminio.

Concluir que el análisis directo fue excluido deliberadamente para ofuscar (encubrir) el hallazgo es razonable, sobre todo teniendo en cuenta las otras decisiones sospechosas de análisis e informe que detalla a continuación:

  1. Casi el 10 % del conjunto de datos fue identificado como valores atípicos (outliers), y los resultados se reportaron tanto con como sin los atípicos. Pero falta información sobre esos atípicos: no hay sentido de escala ni forma de determinar su distribución en comparación con el resto. ¿Forman un grupo distinto identificable por separado o son simplemente el resultado de una cola larga de la distribución general? Los valores atípicos pueden contener información crucialmente importante sobre el conjunto de datos.
  2. Falta de claridad sobre la inclusión o exclusión de los atípicos en la correlación reportada entre CAL y los niveles de B-Al y H-Al. Reportar ambos valores (con y sin atípicos), como se hizo para las otras comparaciones, habría sido suficiente para disipar las preocupaciones.

Las solicitudes de información adicional al autor correspondiente nunca fueron respondidas. Una lista de los valores de CAL, H-Al, B-Al y las puntuaciones BDIS de los 85 participantes (eliminando cualquier información identificativa) permitiría reproducir el modelo, comprobar los diagnósticos e inspeccionar los atípicos en busca de patrones.

5.4 La exposición creciente a proteínas y polisacáridos estimulantes de anticuerpos en las vacunas no se asocia con el riesgo de autismo

Este estudio de DeStefano y colaboradores (17), financiado por un contrato de los CDC con America’s Health Insurance Plans (AHIP) y publicado en el Journal of Pediatrics en 2013, tenía como objetivo evaluar la asociación entre el autismo y el nivel de estimulación inmunológica recibida de las vacunas administradas durante los primeros 2 años de vida.

El problema central que señala la autora: los autores analizaron el efecto de las vacunaciones acumuladas usando solo el nivel de antígenos. Un antígeno es la sustancia que desencadena la respuesta inmunitaria; en el contexto de este estudio, se refiere a las proteínas y polisacáridos de las vacunas. El detalle técnico importante es que el nivel de antígenos puede variar en varios órdenes de magnitud entre vacunas. Además, los autores no incluyeron el número de inyecciones individuales ni la cantidad acumulada de ninguno de los otros ingredientes de las vacunas.

¿Por qué se asumió que los antígenos eran la única «estimulación inmunológica» que debía examinarse, cuando las vacunas incluyen múltiples ingredientes, incluidos los adyuvantes, que se incluyen específicamente para aumentar la respuesta inmunitaria?

El aislamiento del experimento para preguntar por un solo ingrediente es, argumenta Clarkson, una forma de reducir el riesgo global del productor de vacunas, lo que significa que el riesgo del consumidor aumenta. Restringir el análisis al número de antígenos, en lugar de mirar el número de vacunas, encubre la información que los padres deberían recibir.

Y aquí va una observación de sentido común: a los padres lo que más les importa es el riesgo global de efectos adversos cuando su hijo recibe múltiples vacunas, no el riesgo del número acumulado de antígenos. Este es otro ejemplo, según la autora, de cómo los intereses de los productores de vacunas dominan la investigación publicada.

La conclusión correcta de este estudio no debería ser que «no existe relación», sino que el estudio no pudo identificar ningún efecto de los antígenos de las vacunas, dadas las decisiones de análisis que tomaron sobre qué probar (un solo ingrediente) y cómo agrupar los niveles de antígenos en las diferentes edades.

Esas decisiones disminuyeron la probabilidad de detectar un efecto estadísticamente significativo en comparación con otras opciones posibles. El efecto de cualquier otro ingrediente de la vacuna, o combinación de ingredientes, no se incluyó en el análisis. Por tanto, no se pueden extraer conclusiones sobre ningún otro aspecto de las vacunas y el riesgo de autismo.

La elección de qué medida usar para representar las vacunas acumuladas, y cómo agrupar los diferentes niveles acumulados de antígenos, son vías que un investigador deshonesto podría usar para manipular los hallazgos. Con acceso al conjunto de datos, la hipótesis de un investigador deshonesto podría probarse examinando otras medidas de vacunas acumuladas, como el número total de vacunas administradas o la cantidad total de aluminio contenida en esas vacunas. La solicitud de información adicional al autor correspondiente fue denegada.

Del mismo modo que hoy nos intentan seguir engañado con los beneficios de la inyección contra Covid, la historia de la vacuna contra la polio ha sido tergiversada. La verdadera historia de la vacuna contra la polio es muy diferente a la que le han relatado a los médicos en la facultad de Medicina y es todo lo opuesto. Descargar click aqui

6. Conclusión

Tomados en conjunto, estos cuatro artículos sugieren un patrón consistente de análisis y reporte selectivos que oscurece la relación entre vacunas y autismo:

  • Los resultados estadísticamente significativos no se mencionan (caso Hviid).
  • Los análisis importantes no se hicieron (caso Karwowski).
  • Los resultados significativos se descartan con un párrafo sin justificación adecuada (caso del informe sobre timerosal).
  • Las decisiones de diseño reducen deliberadamente la probabilidad de detectar un efecto (caso DeStefano).
  • No hay transparencia respecto a los datos para verificar los hallazgos en ninguno de los cuatro casos.

La tabla resumen del estudio lo sintetiza así:

ArtículoDefecto metodológicoValidación posible
Informe técnico sobre timerosal y autismo, Vols. I y IICorrelación estadísticamente significativa descartada por el signo de la correlación, sin razón ni documentación adecuadas. La inclusión de covariables correlacionadas pudo causar el signo negativo.Un investigador independiente con acceso a los datos podría validar si el descarte fue apropiado.
Hviid (MMR), estudio de cohorte nacionalNo mencionó la tasa significativamente menor de autismo en niños vacunados frente a no vacunados. Pudo deberse a un sesgo por los criterios de exclusión.Un investigador independiente podría validar si los criterios de exclusión causaron sesgo en las tasas de autismo.
Karwowski (aluminio en sangre y cabello)No proporcionó el análisis directo de las dos variables principales (aluminio en vacunas y puntuaciones de desarrollo). Los datos excluidos pudieron alterar los resultados.Un investigador independiente podría hacer el análisis directo y validar si los criterios de exclusión alteraron los resultados.
DeStefano (exposición a antígenos)La elección de la variable dependiente solo interesaba a los productores, no a los padres. Las decisiones de agrupación disminuyeron la probabilidad de detectar un efecto.Un investigador independiente podría hacer un nuevo análisis basado en el número total de vacunas y validar si la agrupación afectó el resultado.

La autora plantea una propuesta de transparencia sencilla y poderosa: sería útil ver la correlación básica entre vacunas y autismo. Si no fuera significativa, los autores podrían simplemente reportar la falta de relación, sin necesidad de mirar factores de confusión. Los artículos publicados deberían reportar esa correlación y, si es significativa, discutir entonces los factores de confusión que podrían ser responsables. En cambio, lo que ocurre es lo contrario: las variables de confusión se incluyen en los resultados publicados sin ninguna evaluación de la correlación sin esas variables. Este enfoque produce, como se explicó, un sesgo a favor de la vacunación.

La conclusión final del estudio es contundente: la ciencia que se usa para desarrollar políticas públicas debe ser precisa, imparcial y verificable para ganarse el apoyo de la población. Dado que los estudios publicados sobre la relación entre vacunas y autismo no son imparciales ni verificables (y no se puede discutir la precisión sin que sean verificables), no es sorprendente que gran parte del público rechace la afirmación de que «las vacunas no causan autismo» (7) y concluya que no puede confiar en la agencia que se lo dice.

7. Recomendaciones de política

El estudio cierra con dos recomendaciones concretas para mejorar la transparencia y la confianza:

  1. Transparencia: exigir la publicación del Plan de Análisis de Datos antes de comenzar el análisis de los datos de un estudio, y exigir que los conjuntos de datos sean plenamente compartibles para su reanálisis después de la publicación. El cegamiento para mantener la privacidad del paciente es aceptable, pero todos los demás datos deberían estar disponibles para que analistas independientes verifiquen los resultados.
  2. Confianza: reportar tanto el riesgo del productor como el riesgo del consumidor para la hipótesis nula, basándose en la extensión a una población más amplia e incluyendo los resultados de las pruebas diagnósticas del modelo seleccionado en los materiales suplementarios.

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Referencias del estudio

Estudio principal analizado:

Clarkson E. The Obfuscation of the Confounded Relationship between Vaccines and Autism. Science, Public Health Policy, and the Law. 2026;10:1–15. An institute for Pure and Applied Knowledge (IPAK), Public Health Policy Initiative (PHPI).

Referencias citadas en el estudio (numeración original 1–17):

  1. Maenner MJ, Warren Z, Williams AR, et al. Prevalence and Characteristics of Autism Spectrum Disorder Among Children Aged 8 Years — Autism and Developmental Disabilities Monitoring Network, 11 Sites, United States, 2020. MMWR Surveill Summ. 2023;72(SS-2):1–14. Ver también; https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/72/ss/ss7202a1.htm
  2. Hughes MM, Shaw KA, DiRienzo M, et al. The Prevalence and Characteristics of Children With Profound Autism. Public Health Rep. 2023;138(6):971–980.
  3. United States Congress. Congress.gov [Internet]. National Childhood Vaccine Injury Act of 1986, Public Law 99-660. Disponible en: https://www.congress.gov/99/statute/STATUTE-100/STATUTE-100-Pg3743.pdf [Consultado el 12 de febrero de 2025].
  4. Reinhart RJ. Fewer in U.S. Continue to See Vaccines as Important. Gallup; 14 de enero de 2020.
  5. The Conversation. Autism and vaccines: more than half of people in Britain, France, Italy still think there may be a link. The Conversation; 22 de agosto de 2018. Disponible en: https://theconversation.com/autism-and-vaccines-more-than-half-of-people-in-britain-france-italy-still-think-there-may-be-a-link-101930 [Consultado el 12 de febrero de 2025].
  6. Institute of Medicine. The Childhood Immunization Schedule and Safety: Stakeholder Concerns, Scientific Evidence, and Future Studies. Washington, DC: The National Academies Press; 2013.
  7. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Vaccine Safety: Autism [Internet]. Disponible en: https://www.cdc.gov/vaccine-safety/about/autism.html [Consultado el 12 de febrero de 2025].
  8. Wellek S. Testing Statistical Hypotheses of Equivalence. Boca Raton, Florida: Chapman & Hall/CRC Press LLC; 2003.
  9. McKeever TM, Lewis SA, Smith C, et al. Vaccination and allergic disease: a birth cohort study. Am J Public Health. 2004;94(6):985–989.
  10. Poland GA, Spier R. Fear, misinformation, and innumerates: how the Wakefield paper, the press, and advocacy groups damaged the public health. Vaccine. 2010;28(12):2361–2362.
  11. Goldman G. Examples of Outcome Reporting Bias in Vaccine Studies: Illustrating How Perpetuating Medical Consensus Can Impede Progress in Public Health. Cureus. 2022. Disponible en: https://www.cureus.com/articles/110238 [Consultado el 12 de febrero de 2025].
  12. Price CS, Goodson B, Stewart G, et al. Thimerosal and Autism Technical Report Volume I. Bethesda, Maryland: Abt Associates, Inc.; 2009.
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Otras Referencias

Fuentes usadas por el editor para explicar conceptos técnicos mencionados en el estudio.

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