viernes , 24 mayo 2024

Sobre la existencia o no exitencia del coronavirus

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La prioridad para los miembros de CienciaySaludNatural.com, es que se detenga la inoculación de la inyección K0 B1T en bebés, niños y embarazadas. Para esto necesitamos la mayor cantidad de evidencia científica que se pueda conseguir para que sea tenida en cuenta en caso de que el Poder Judicial vuelva a recuperar su poder y actuar. Por ahora parece ser que ha sido desautorizado a causa de documentos que se pueden haber firmado entre  el Departamento de Defensa de este pais con el Dpto. de Defensa de los EE.UU. ,  usando como pretexto la Autorización de Uso de Emergencia de la inyección.  La idea además de proporcionar un caudal conceptual es la de despertar un espíritu crítico.

Robert Kennedy Jr. explica que las inyecciones K0 B1T son armas biológicas, jamás van a mostrar al virus aislado porque se veerían las ganacias de función. Los laboratorios en EE.UU. tienen 2 escapes por semana. 130 contratistas del Pentagono se encargaron de la fabricación y distribución de las inyecciones K0 B1T con diferentes fórmulas. Un lote puede tener diferentes ingredientes que otro lote. https://www.bitchute.com/video/eGQfSdcafJ7Q/

Dado que no se ha comprobado que el virus haya sido aislado no descartamos ninguna hipótesis. No es prudente descartar ninguna hipótesis, pero es fundamental usar el principio de precaución.

Por un lado para poder aislar un virus se necesita una infraestructura apropiada suficientemente segura, equipamiento y personal especializado. Estas condiciones, que exigen una gran inversión, se encuentran en laboratorios de alta seguridad, que manejan los departamentos de defensa de los países desarrollados como el departamento de Defensa de EE.UU.

Dr. Rashid Buttar Las inyecciones Covid son armas biológicas nunca te enseñaran el virus aislado porque se veerían las ganacias de función dado que el virus ha sido modificado https://www.bitchute.com/video/kDrowonL7ARy/

La falsa pandemia Covid ha sido una operación militar para obligar y coaccionar la aplicación de las inyecciones K0 B1T. El manejo fabricación y distribución de las inyecciones K0 B1T es una operación militar que se lleva a cabo desde el Departamento de Defensa, DoD, del Pentágono, (DARPA) en Washington D.C. Las inyecciones no son vacunas en absoluto, son armas biológicas diseñadas para el control de la población como hace referencia Henry Kissinger en su Memorandum 200. Las Fuerzas Armadas de EE.U.U. actúan como un Frente de Salud o fachada, para que la gente crea que las inyecciones son seguras y eficientes. Están utilizando leyes de Salud Pública para llevar a cabo una Campaña Militar.

Es evidente que DARPA ha aislado el virus jamás lo van a presentar al público porque quedaria en evidencia las ganancias de función que declara David Martin en este video tambien lo confirma Robert Kennedy Jr. en este video y Luc Montagnier en este video.

https://cienciaysaludnatural.com/coronavirus-y-vacunas-para-financiar-la-carrera-de-armas-biologicas/
Robert F. Kennedy Jr. «Tomaron un virus que sólo podía infectar a los murciélagos y lo hicieron mortal para los humanos permitiendo que pueda infectarnos muy fácilmente». Ver documentación en su nuevo libro: «El Encubrimiento de Wuhan», que sale la primera semana de Diciembre 2023
https://cienciaysaludnatural.com/el-dpto-de-defensa-de-ee-uu-implemento-las-inyecciones-k0-b1t-como-armas-biologicas/ https://www.bitchute.com/video/nt1flRKNOfxI/

Antecedentes

Hay dos artículos de Ralph Baric de la Universidad de Carolina del Norte (UNC) en 2015 y 2016 , publicados en Nature Medicine , anunciaron que su universidad, la EcoHealth Alliance y el gobierno chino crearon juntos el SARS-CoV-2.

En la literatura de 2015 y 2016 se recuerda que crearon un virus quimérico que fusionaba coronavirus de murciélagos y humanos y que mostraba claramente que podía infectar e invadir células epiteliales respiratorias humanizadas en un modelo de ratón», dijo. El hecho de que el SARS-CoV-2 se haya creado en un laboratorio “se cita en los informes.

Es incluso obvio dado que uno de los títulos del artículo, WIV1-CoV similar al SARS preparado para el surgimiento humano , dijo. “Lo habían creado y estaba listo para emerger en las poblaciones humanas tan pronto como fuera liberado o saliera del laboratorio.

Por lo tanto, es más que evidente que “Anthony Fauci, un actor clave en esto… orquestó un encubrimiento de que el virus, SARS-CoV-2, fue diseñado por investigadores estadounidenses y chinos en el laboratorio de Wuhan, China”, explicó McCullough. “Fauci organizó un grupo de científicos y otros funcionarios reguladores para mentirle a Estados Unidos y al mundo durante tres años y decir que surgió de la naturaleza. Conspiró para ocultar una amenaza mundial para la salud mundial”.

El virus COVID-19 creado para ser ‘letal para el cuerpo humano’, inyección codificada para generar la proteína pico o spike, por el mismo complejo biofarmacéutico y DARPA

Además, como parte de la creación del virus en un laboratorio, «el código genético de la proteína pico o spike fue manipulado intencionalmente para hacer que esta proteína pico sea invasiva y letal para el cuerpo humano. 

Y los registros muestran que Moderna, el fabricante de “vacunas” basadas en genes, tenía el código de la proteína pico años antes de la pandemia, incluido un acuerdo de transferencia de material con Baric y la UNC. Y antes de convertirse en director general de Moderna, Stéphane Bancel fue director general de BioMérieux, que también construyó el anexo de bioseguridad del laboratorio de Wuhan para los chinos.

Por lo tanto, el laboratorio que creó el virus y el hombre y la empresa que creó la primera inyección con Estados Unidos están trabajando juntos.

Sobre nuestra línea editorial

Nuestra editorial supone la existencia de este virus por las razones dadas y además porque hay un grupo de cientificos y médicos que se han jugado la vida y la matricula que afirman que el virus es real, hemos investigado sus trayectorias y sabemos que no tienen conflicto de intereses y ellos afirman que los virus existen como en este caso y que hay variantes, ellos son: Stephannie Seneff Ph.D, Peter McCullough Ph.D,  Dr.Pierre Kory,  Dr. Vladimir Zelenko, Dra. Christiane Northrup, Dr. Russell Blaylock, Roxana Bruno Ph.D, Karina Acevedo Whitehouse Ph.D, Dra. Maria Jose Martinez Albarracín, Dr. Richard Urso, Kary Mullis Ph.D, Peter Doshi Ph.D, Dra. Teresa Forcades Ph.D, Joan Ramon Laporte Roselló Ph.D, Sucharit Bhakdi Ph.D, MD y Arne Burkhardt, MD, Dr. Byram Bridle Ph.D, Dra. Jessica Rose Ph.D, Dr. Peter Goetzsce, Dr. Eric Ménat, Dr. Charles Hoffe, Dra. Judy A. Mikovits Ph.D, Dr. Dietrich Klinghardt, Dolores Cahill Ph.D, Dr. Lawrence Palevsky, Dra. Sherry Tenpenny, Christopher Shaw, Christopher Exley Ph.D, Dr. James Lyons Weiler Ph.D, Dr. Mark Geier, Rosallie Bertell Ph.D, Dr. Alvin Moss, Dr. Theresa Disher Ph.D,  Dra. Marcia Angell, Yehuda Shoenfeld Ph.D, Dr. Ryan Cole, Dr Rashid Buttar y Kary Mullis, no niega los virus.

En cuanto a la implementación del principio de precaución, ignorar la posibilidad de que el virus exista sería descalificar la posibilidad de que nos estén modificando genéticamente, que es la mayor amenaza.  El principio de precaución y fundamentación científica es fundamental no solo para no dar opiniones sin estudios sólidos, como hacen los laboratorios, sino porque la urgencia es que se detenga la inoculación de la inyección K0 B1T en bebés, niños y embarazadas. Para lograr esto en un juicio hay que presentar evidencia científica revisada por expertos. No seria una buena defensa presentar sólo la opinión de dos expertos y el análisis de algunos viales, dado que han habido mas de una docena de fabricantes de la inyeccion Covid, contratistas del departamento de Defensa mencionado que se han usado diferentes fórmulas.

Lo que es real y urgente es que a los bebés de 6 meses en varios países aún, los están inyectando y la evidencia para detener este genocidio esta explicada con una ciencia que por ahora habla de la existencia de los virus. Los 1.250 estudios mencionados ponen en evidencia que la inyección K0 B1T es tóxica y con esta información, si se logra presentar en un juicio justo, se podría detener que sigan inyectando a los bebes y no queden dañados gravemente….  

El problema es que cada vez que presentamos esta evidencia, hay un grupo que cuestionan si existen o no los virus y eso demora, dispersa y genera dudas y la duda divide la posibilidad de realizar acciones para detener que inyecten más bebes.   Entonces la verdadera pregunta es ¿porque no nos unimos para detener la inyección de bebes, niños y embarazadas, con la informacion revisada por pares disponible dado que es urgente y luego tranquilos con ciencia de por medio analizamos si existen o no los virus?…

Adjuntamos 1250 estudios , mas el listado de 30 expertos (nuestros asesores) y firmas 17.000 medicos que confirman la existencia del Sars-Cov-2, sus variantes y la proteina pico o spike.  Lo mas conveniente es que quien tenga una hipótesis diferente tambien presente la fundamentacion científica y no solamente citar lo que dice Stefan Lanka dado que no es equivalente, a la evidencia que nosotros estamos presentando.  Ver lista 17.000 medicos más que firman la declaracion que admite la exintencia el virus en cuestión https://doctorsandscientistsdeclaration.org/

Después de 2000, los científicos hicieron muchos intentos para crear vacunas contra el coronavirus. Durante los últimos 20 años, todo terminó en fracaso porque los animales en los ensayos clínicos se enfermaron gravemente y muchos murieron, al igual que los niños en la década de 1960.

Puedes leer un resumen de esta historia / ciencia aquí . O si desea leer los estudios individuales, puede consultar estos enlaces:

  • En 2004, el intento de vacunación produjo hepatitis en hurones.
  • En 2005, los ratones y las civetas se enfermaron y se volvieron más susceptibles a los coronavirus después de ser vacunados.
  • En 2012, los hurones enfermaron y murieron. Y en este estudio , los ratones y hurones desarrollaron una enfermedad pulmonar.
  • En 2016, este estudio también produjo enfermedad pulmonar en ratones.

Sobre la exitencia de los virus y el Sars-Cov-2

por Karina Acevedo Whitehouse, Ph.D

En el chat en ocasiones han escrito algunos miembros – algunos enojados, otros no – acerca de su sorpresa de que siga yo escribiendo sobre SARS-CoV-2 si este «no ha sido aislado«. Ya he explicado y compartido evidencia de que sí ha sido aislado – solamente que, 1) no había sido aislado cuando se diseñaron las pruebas diagnósticas, ahora sí y 2) el concepto de aislamiento no es el mismo que en bacteriología o micología; simplemente no puede ser igual, porque los virus son simbiontes intracelulares que establecen una relación parasitaria con la célula. Tenerlos «creciendo» (es decir, replicando) sin un cultivo celular sería simplemente imposible (y miren que no me gusta usar esa palabra en ciencia).

Por otro lado, ha dicho alguna persona que sería necesario «eliminar la virología por fraudulenta«. La virología – es decir, el estudio de los virus, no es fraudulenta; en cualquier caso, puede haber virólogos fraudulentos; pero la virología solo es eso, una disciplina científica. Decir que es fraudulenta porque alguien (como el Dr. Stephen Lanka) dice que «los virus no existen» y en el mismo párrafo escribir que «Lanka descubrió un virus gigante» que infecta un alga marina (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/8460486/) es una incongruencia o, podría decirse, un oxímoron.

Lo que el Dr. Stephen Lanka – a quien no conozco, a quien respeto por el solo hecho de existir, y de quien he leído algunas de las cosas que ha escrito – argumenta, es que no existen virus que causan enfermedad. Este enunciado es problemático desde una perspectiva científica (¿recuerdan que en ciencia no se vale decir que algo no existe o que algo no ocurre?). En cualquier caso, podría decir el Dr. Lanka que él considera que no hay evidencia a la fecha de que algún virus cause enfermedad, y luego presentar sus argumentos, como uno muy utilizado: por ejemplo, el que «los virus han sido claves en procesos evolutivos, y que hay muchos virus simbiontes».

Ahora bien, hago una pausa aquí para asegurar que actualicemos los términos y conceptos para evitar equivocarnos: Si bien en la década de los sesentas, la palabra «simbiosis» se usaba para referirse a relaciones mutualistas (buenas para todos), desde los noventas, «simbiosis» se refiere a cualquier relación entre individuos de al menos dos especies diferentes que puede ser benéfica para ambos (mutualismo, como lo que pasa entre nosotros y nuestras bacterias entéricas), benéfica para uno y neutral para el otro (como lo que pasa con un hongo y un alga cuando forman un liquen), o benéfica para uno y dañino para el otro (como el parasitismo, el amensalismo y la depredación). Todas son formas de simbiosis. Hasta Mycobacterium tuberculosis establece simbiosis con el humano.

Ahora sí, el hipotético enunciado corregido y los argumentos presentados, podrían contra argumentarse. Por ejemplo, yo argumentaría que el hecho de que existan relaciones mutualistas no excluya el que existan relaciones antagonistas. Pongamos un burdo ejemplo: un zorro es mutualista o comensalista con otras especies, pero es depredador de conejos. Igualmente, algunos virus (digamos, muchos retrovirus o los polidnavirus) son mutualistas para sus hospederos, pero otros (digamos, el virus de la Rabia) son antagonistas. ¿Por qué genera tanta incomodidad en algunos comprender que la selección natural puede seleccionar una relación antagonista si esta asegura el éxito evolutivo de una especie? Al fin y al cabo, sigue habiendo zorros y sigue habiendo conejos, aunque los conejos sean depredados (pueden comprender más sobre esto en una charla que di en el 2020: #ElPapelDeLosVirusYBacteriasEnNuestraEvolución).

También argumentaría que ha habido experimentos en los que han podido provocar daño o enfermedad en un organismo (vertebrado, invertebrado, planta o bacteria) al exponerlo a una solución filtrada (sin ninguna célula) y purificada a partir de un cultivo viral. Sé que el contra argumento a mi contra argumento podría ser: «tal vez los daños fueron provocados por químicos añadidos a la solución de virus«, pero justamente para evitar este error, es que se usan controles que son expuestos a los mismos químicos en las mismas concentraciones, pero sin los virus. Podrían estar equivocados mis argumentos; pero incluso bajo esa posibilidad, no podemos decir, en el contexto científico, que no existen los virus cuando hay muchas evidencias de su existencia, como bien encontró el mismo Stephen Lanka en 1993.

Definitivamente coincido en que el paradigma médico actual (médico humano y médico veterinario), que se enfoca en la ausencia de enfermedad más que en la promoción de la salud, y que le da un peso desproporcionado a los patógenos, muchas veces ignorando la contribución de los otros elementos en la «triada de enfermedad» como el :

  • estado nutricio,
  • estado inmune,
  • estado anímico,
  • nivel de actividad física,
  • tipo de vida, etc.),

es lamentablemente sesgado y requiere de reestructuración muy profunda. Pero eso no significa que «los virus no existen» o que «son incapaces de causar enfermedad«. Les invito a que tomen el curso completo de Virología que impartí en línea en 2021 y que compartí en este canal para que puedan tener más elementos para cuestionar la validez (o falta de) de esa frase. También podrían preguntarse si se dejarían morder por un perro rabioso ya que el virus de la Rabia es incapaz de causar enfermedad…

Desearía que pudiéramos dejar de buscar motivos para pelear, denostar, exigir-que-digan-lo-que-quiero-que-digan, al menos en esta comunidad, y que pudiéramos más bien intercambiar opiniones, mejorar nuestra comprensión, y aceptar cuando no tenemos evidencias de algo. Sé que mi deseo no necesariamente se cumplirá, pero sería lindo; sobre todo el que dejaran de insistir, educadamente o recalcitrantemente, para que deje yo de usar el término «virus» o que deje de hablar sobre SARS-CoV-2 y que mejor me centre en otros temas (que, dicho sea de paso, ya he abordado hasta donde puedo hacerlo con base en la evidencia disponible y mi conocimiento al respecto). Ojalá se cumpla algún día mi deseo.

Evidencia de la existencia del virus SARS-CoV-2

En este texto me centraré justamente en lo que ha sido mi análisis de la evidencia de la existencia del virus SARS-CoV-2. Para esto, lo primero que hice fue leer los documentos que personas como Stephan Lanka, Andrew Kauffman y Sam Bailey han escrito (de hecho, le he enviado correos tres veces a Sam Bailey para proponerle que dialoguemos, pero no he recibido respuesta a la fecha) para sustentar sus argumentos. Como el principal de sus argumentos es, precisamente, que ‘tienen evidencia de que algo no existe’, hice eso a un lado y me centré en el otro argumento: la falta de controles experimentales válidos. Eso sí que es algo serio, así que intenté hacer el análisis de la literatura estando libre de concepciones previas, lo que fue algo complicado considerando que llevo más de 12 años de impartir, justamente, la asignatura de Virología a nivel universitario, así que imaginarán que es complejo “soltar” el bagaje conceptual. Sin embargo, hice todo lo posible por lograr ser neutral a la hora de evaluar la literatura científica, y creo que logré hacerlo. Por eso, antes de continuar, quiero avisarles que este texto será largo, y que en esta ocasión no haré un resumen para aquellos que no disfrutan leer. No le haría justicia a lo que intento comunicar. Por eso, les pido que aquellos que no quieran leer el texto completo, o que rehúsen hacerlo soltando primero sus ideas preconcebidas, como intenté hacer yo para preparar el texto, mejor sáltense este texto. ¿Les parece justo?

También les pido que, si no lo han hecho ya, dediquen un poco de tiempo para leer lo que ya he escrito al respecto del concepto de aislamiento en Virología (https://t.me/akashacomunidad/120, https://t.me/akashacomunidad/121, https://t.me/akashacomunidad/566, https://t.me/akashacomunidad/567) así como los artículos a los que hago referencia dentro de esos mensajes. Este punto (el de la diferencia del concepto de aislamiento en virología con respecto a lo que se considera aislamiento en bacteriología, micología o ‘protozoología’) es central para poder avanzar en la comprensión de tema.

Aclarado ese punto, y esperando que ya no sea necesario repetir en el futuro que no hay forma de lograr aislar a un virus de la misma forma que se hace con, por ejemplo, una bacteria, me parece necesario y honesto reconocer que, luego de haber leído muchos a profundidad, la gran mayoría de los estudios que realizaron el aislamiento de SARS-CoV-2 a partir de muestras biológicas (como aspirado bronquial de pacientes con síntomas de neumonía, por ejemplo) no hicieron una cosa fundamental: usar controles negativos experimentales.  Eso es mala práctica científica y, en el contexto de la pandemia, me parece muy grave. Un experimento científico siempre precisa controles, tanto negativos (esto es indispensable para un estudio que busca determinar si un agente podría ser causa de un daño biológico en un cuerpo; https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3053408/, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5318155/) como positivos (esto es muy recomendable, pero en ocasiones no es posible).

Si no se utilizan esos controles negativos, no es posible saber si aquello que se observa (como daño celular, por ejemplo) se deba a los presuntos virus, o a otras sustancias que se encuentran en el medio de cultivo. Por su naturaleza misma, sería prácticamente imposible tener en un vial a un virión (recordemos que virión es el individual de virus, como persona es el individual de humano) o un grupo de viriones sin que haya ninguna otra cosa en el vial. Esto es diferente de lo que ocurre para otros agentes patógenos: podríamos tener, por ejemplo, en un vial a un ‘gusano’ (helminto) parásito aislado a partir de heces de alguien con diarrea, pero para los virus se precisa un medio líquido en el que estén los presuntos viriones, y ese medio debe de contener varias cosas. La mayoría de los medios de cultivo para virus se basan en medio modificado de Dulbecco (DMEM, por sus siglas en inglés), que contiene suero fetal bovino, HEPES, antibióticos, glutamina y anfotericina B. El medio de cultivo viral, con los presuntos viriones, debe ser pasado a través de un filtro estéril con poros de menos de 450 nm de apertura, lo que asegura que se excluye cualquier célula (por ejemplo, células de la garganta o de los bronquios de la persona), incluyendo bacterias u hongos. Es decir, que cualquier “cosa” que esté en el cultivo viral será de tamaño menor al de una célula. Algunos componentes del medio (los antibióticos, por ejemplo) son importantes para evitar que haya contaminación cuando se le aplique la solución con (tal vez) virus a un cultivo celular o a un organismo modelo y algunos otros componentes son para mantener viables a los viriones. El problema es que algunos de los componentes del medio de cultivo viral podrían ocasionar, por si mismos, daño en los cultivos celulares (por ejemplo, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2849840/) así que se vuelve indispensable ver lo que ocurre cuando se pone ese mismo medio de cultivo que carezca de los presuntos viriones. Es esa la relevancia de los controles negativos del experimento.

A partir de ese medio de cultivo que tal vez contenga viriones (es lo que se quiere investigar con el experimento, ¿no?, su presencia), se puede ver si ocasionan un “efecto citopático” (es decir, que ocasionen un daño que se observa en cultivos in vitro de células susceptibles y que fueron expuestas a la solución que presuntamente contiene a los viriones), o el efecto patogénico (es decir, el daño que se observa en modelos animales que fueron expuestos a la solución que presuntamente contiene a los viriones), o se pueden intentar observar al microscopio electrónico, o hacer un análisis del genoma de los viriones que replicaron (hicieron muchas copias dentro de las células) mediante secuenciación. Cultivar los virus en las células y hacer los experimentos de efectos citopáticos es complejo, porque se necesita tener células susceptibles de ser infectadas y que esas células se puedan mantener en cultivo. No cualquier laboratorio tiene el equipo para cultivar virus, ni tiene las especificaciones de bioseguridad para hacerlo, y se requiere de entrenamiento específico en cultivo viral para realizarlo.

Como decía, la mayoría de los estudios que dicen (a veces en el título mismo del artículo) haber aislado viriones de SARS-CoV-2, no usaron controles negativos experimentales, y eso, lamentablemente invalida los resultados. Estos estudios casi siempre son citados como evidencia de aislamiento en respuesta a quienes dicen que no existe evidencia de aislamiento de este virus, y estos estudios han sido la base de prácticamente todo lo que ha dado forma a esta pandemia. Veamos un poco de la línea del tiempo inicial, desde el anuncio de que había aparecido un virus nuevo que se asociaba a una enfermedad ‘nueva’, en el contexto del tema que aquí abordo:

1) El 31 de diciembre de 2019, la OMS fue informada de casos de neumonía de causa desconocida en la ciudad de Wuhan, China (https://www.who.int/emergencies/disease-outbreak-news/item/2020-DON229). En ese momento – 2 de enero, 2020 – la OMS declaró que el agente no se había identificado.
2) Poco después, un artículo científico (https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/22221751.2020.1719902) reportó por primera vez el resultado de la secuenciación del genoma completo de un nuevo coronavirus, que fue llamado 2019-nCoV, en muestras de lavado bronquial de un paciente de Wuhan. En este estudio, definitivamente no se aisló el virus. Lo que se hizo fue secuenciación de tres tipos: Sanger, plataforma Illumina y plataforma de nanopore. Aquí quiero aclarar que la secuenciación es algo bastante bien establecido y estandarizado. Es cierto que al final nos da información que viene de un análisis bioinformático (en computadora), pero no es algo que se ensamble “al azar” o “por conveniencia”. Se ensambla de forma que hay certeza que esa es la secuencia (o secuencias) de los genomas que estaban en esa muestra. Eso es certero, pero, no es evidencia de que eso del cual se obtuvo un genoma, sea la causa de una enfermedad. Los autores de ese estudio reportaron tres secuencias genómicas de un mismo virus, y se le nombró a la enfermedad poco tiempo después como neumonía nueva por infección de coronavirus (NCIP, por sus siglas en inglés). Vuelvo a decir que esto se hizo sin haber demostrado científicamente (ni experimental ni epidemiológicamente) que el virus fuera la causa de la enfermedad. El estudio reportó que el genoma completo del 2019-nCoV tenía 89% de identidad nucleotídica (recuerden que los nucleótidos son las cuatro ‘letras’ que, repetidas, conforman el genoma de los organismos) con el coronavirus del murciélago tipo SARS -CoVZXC21 y 82% con el primer SARS-CoV que infecta humanos. Me gustaría señalar aquí que este artículo (que se volvió central para la prueba diagnóstica basada en RT-PCR que se ha usado ampliamente desde entonces a nivel mundial) se envió a la revista el 16 de enero de 2020 y fue aceptado el 17 de enero de 2020 (lo que significa que en menos de 24 horas tres revisores lo recibieron, leyeron profundamente, comentaron, enviaron sus revisiones al editor, quien se los mandó a los autores, quienes hicieron todos los cambios pedidos, y los revisores volvieron a leer el estudio y consideraron que habían hecho todo lo solicitado. Hmmm… ¡Vaya rapidez! Por cierto, lo mismo ocurrió con el artículo que describió la prueba diagnóstica de RT-PCR… Rapidez que inspira confianza… (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6988269/)

3) A partir de ese momento se da una ‘explosión’ de publicaciones que indican haber aislado el virus, aunque es cierto que (al menos, de los que he podido leer), no incluyeron controles negativos experimentales. Para que se den una idea, si escriben en PubMed las palabras de búsqueda “Isolation of SARS-CoV-2”, aparecen 19,677 publicaciones (al 11/11/22; https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=%22isolation+of+SARS-CoV-2%22&sort=pubdate), y si se incluye la palabra “culture” (cultivo), baja un orden de magnitud, pero siguen siendo muchos estudios (1,038 al 11/11/22; https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=%22isolation+of+SARS-CoV-2%22+AND+culture&sort=pubdate). Por supuesto que no todos esos estudios hablan de aislamiento y cultivo propiamente, pero muchos sí, y de esos, es cierto que la mayoría no utilizó controles negativos experimentales. De hecho, si usamos la cadena de búsqueda que incluya las palabras “negative control” (control negativo), reducimos ese número a uno. Claro, eso solo es la búsqueda por palabras claves; hay algunos estudios que usan controles negativos pero les llaman de otra forma así que no aparecen así. Por eso se lleva tiempo hacer el análisis correcto de la literatura disponible.
4) Claro, además del aislamiento virológico, también importa poder visualizar a los virus que pudieran estar en una muestra o en un tejido. Esto se puede hacer con microscopía electrónica, confocal o de resolución atómica (recuerden que los virus son más pequeños que el límite de resolución de la microscopía óptica). Uno de los primeros estudios de microscopía electrónica de SARS-CoV-2 fue este: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32362648. La verdad es que me pareció que ese estudio dejó mucho que desear, dado que reportaron haber encontrado solamente siete viriones (o lo que parecía viriones) a partir de una muestra de alguien que estaba presuntamente enfermo de COVID; es decir, se esperaría ver muchos más viriones que solo siete (al final, se suponía que esa era la forma de transmisión de este virus, ¿no?). Hay otros estudios publicados que hicieron microscopía electrónica en tejidos de personas que murieron con COVID (por ejemplo, https://www.europeanreview.org/wp/wp-content/uploads/5186-5188.pdf, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7316662), que muestran estructuras compatibles en tamaño y forma con viriones de coronavirus, pero tampoco utilizan controles negativos (que en este caso sería el comparar esos hallazgos con lo que observaran en los mismos tejidos de personas que no tuvieran esos síntomas y que fueran negativos en las pruebas diagnósticas). Uno de los mejores estudios que encontré, que utilizó microscopía electrónica, microscopía confocal y de fuerza atómica, es este: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34275492, y sí utilizó controles negativos.
5) Al comenzar a hacer autopsias (recordemos que en un inicio no se hicieron: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32422983), surgieron más oportunidades de observar bajo microscopía electrónica a estos viriones en los tejidos, pero hasta donde he podido estudiarlos, sigue sin haber los estudios que busquen determinar causalidad experimentalmente con el uso correcto de controles), e incluso hubo científicos que cuestionaron si esas estructuras observadas al microscopio electrónico en algunos estudios eran, efectivamente viriones de SARS-CoV-2 o eran partes de organelos de las células (ver https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7237172, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7242192). De nuevo, queda clara la relevancia de incluir controles negativos.

6) Entonces he ido, poco a poco, evaluando todos estos estudios, confirmando que efectivamente, en la mayoría de ellos no incluyeron controles negativos experimentales adecuados, o que algunos estudios hablan de controles negativos, pero no especifican si fueron realmente controles (es decir, que tengan el medio de cultivo agregado sin contener este los viriones) o si solo fueron células a las que dejaron sin nada (esto no sería un control experimental adecuado). Uno de los pocos estudios de aislamiento viral que realizó adecuadamente esos controles negativos, es más bien reciente (inicios de 2022; ver https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fcimb.2022.804175/full). Ese estudio es una de las evidencias de que un virus con características genómicas particulares e identificadas previamente mediante secuenciación, efectivamente, existe. Otros que reportan haber usado controles negativos, pero lamentablemente no especifican si fueron controles negativos adecuados, son, por ejemplo, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7036342 y https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7366528. Evidentemente, no he leído todos los estudios; sería, me parece, imposible, pero he intentado encontrar al menos algunos que se tomaron la molestia de usar controles experimentales.
7) Entre más y más autopsias se hicieron durante la pandemia, más claro quedó que en diversos tejidos había viriones de SARS-CoV-2 (identificados con hibridaciones e inmunofluorescencia in situ, además de PCR y secuenciación) y que estaban asociados a cuadros de enfermedad. Esto no es lo mismo que establecer que son la causa, pero sí muestra que algún papel jugará la presencia de esos virus en el cuadro clínico, y muestra que esos agentes definitivamente existen. Aquí quiero aclarar que, si está bien diseñada y bien hecha una PCR, es muy específica, y los resultados se pueden confirmar con secuenciación. Sé que algunos creen que la PCR es un fraude, pero no es así; es una técnica buenísima; el problema es cuando se usa para diagnosticar enfermedad (se puede hacer, pero requiere mucha – mucha – validación, que en el caso de COVID no se hizo). Esto que digo no es controversial; espero que pronto pueda compartir con ustedes el taller sobre PCR que di en octubre pasado durante el Congreso de Terapias Oxidativas y Medicina Regenerativa, para que eso les quede más claro (en un par de semanas podré compartirlo).
8) Se han aplicado otras técnicas, mucho más sensibles, para determinar la presencia del virus, como la detección de moléculas individuales de genomas virales (https://elifesciences.org/articles/74153) o la detección por micro fluidos (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35611066/) y, conociendo la sensibilidad y especificidad de estas técnicas, me parece que no hay realmente argumentos válidos para plantear que lo que han detectado estos estudios sea otra cosa que un virus con las características distintivas de SARS-CoV-2.

9) Por otro lado, para finalizar este escrito, quiero decirles que, en el laboratorio en el que trabajo en mi universidad, varios investigadores desarrollamos, durante el primer semestre de 2020, una prueba diagnóstica distinta a la ‘oficial’. La prueba que diseñamos se basaba en RT-PCR para la detección de fragmentos del gen N (nucleocápside; que es distinto de otras pruebas que se estaban utilizando) de SARS-CoV-2, mismo que confirmamos mediante clonación y secuenciación Sanger. Es importante decir que la secuencia de ese gen N no se parece sustancialmente a ninguna secuencia de ningún otro organismo conocido; la secuencia es específica de SARS-CoV-2, por lo que su detección era evidencia de que ese virus específico estaba presente en una parte de la población de la ciudad en la que vivo. A pesar de eso, encontrar su presencia en una muestra no es evidencia de que el virus fuera la causa de alguna enfermedad. Cabe señalar que no detectamos la presencia de ese fragmento en las 8,000 muestras analizadas (si se tratase de la detección de, por ejemplo, un fragmento de genoma humano, tendría que estar presente en todas las muestras), sino en cerca del 15%, y que no lo detectamos en ninguna muestra que teníamos de personas muestreadas antes del inicio de la pandemia. Espero que esto que menciono zanje lo que me han comunicado recientemente; parece que algunos han creído que “tengo el virus aislado en mi casa”; lo que es absurdo, denota desconocimiento básico sobre virología y sobre legislación sanitaria, ya que violaría varias normas sanitarias, y es, además, mentira; nunca he intentado aislar este virus, no me especializo en técnicas de cultivo viral, y además del entrenamiento específico que no tengo, se requiere de un laboratorio de Bioseguridad nivel III para ello, y ese laboratorio no lo tenemos en la universidad. Lo que he hecho es lo que he explicado arriba, y cuento con la secuencia, los cromatogramas y las imágenes de los geles de electroforesis, que, si les interesa, puedo compartir. Espero que con esto la confusión se aclare y dejen algunos de pensar que tengo “el virus en una lata de refresco en mi nevera”, como han comentado algunos con imaginación desbordada al servicio de la confusiogenia.

Entonces, con base en la evaluación de la literatura, hasta donde puedo hacer el análisis, me parece que hay evidencia de que el virus SARS-CoV-2 existe. Tal vez esté equivocada, pero eso es lo que interpreto con base en el análisis realizado. Por otro lado, la evidencia disponible para determinar la causalidad no se ajusta en lo más mínimo a los postulados de Koch (que no es de extrañar, porque no aplican bien a la mayoría de los virus y a muchos otros microorganismos), ni a los postulados de Evans. Tomando esto en cuenta, además del hecho de que las pruebas diagnósticas oficiales tienen tan bajo valor predictivo positivo (es decir, dan muchos falsos positivos), y que los síntomas que se le asignan a COVID son tan, pero tan amplios e inespecíficos, a mi parecer, se vuelve sumamente complicado decir que todos los casos considerados como COVID se hayan tratado realmente de una condición específica asociada a la presencia del virus SARS-CoV-2. Cada vez queda más claro que muchos de los casos denominados “COVID” se trataban más bien de otras cosas (incluyendo influenza – que prácticamente y contra todo comportamiento biológico comprensible, “desapareció” durante dos años -, resfriados, y otras condiciones infecciosas y no infecciosas). Esto último que escribo lo he dicho desde diciembre de 2020, y se han publicado muchos erratum oficiales de diversos países, que han tenido que ajustar (siempre hacia abajo) el número de casos y muertes COVID, dado que se trataban más bien de otras causas.

Espero que esta información les sea útil, y también espero que quienes lo lean lo tomen como es, un análisis de la literatura desde una apertura y una ausencia de ‘agenda’ que espera que sea recibida de la misma forma.

Definiciones y niveles jerárquicos

Les he dicho muchas veces que la pandemia ha dejado evidentes muchas características de la humanidad, tanto buenas como malas. Lamentablemente, las características no tan buenas florecen en muchas personas, como, por ejemplo, la postura de ‘yo estoy bien y sí no piensas como yo, estás mal tú‘, esa postura que erróneamente percibe al conocimiento científico como si se tratara de equipos de fútbol. E igual que con el fútbol, se crean hinchas y hooligans, que quieren sacar su frustración y su agresividad destruyendo ‘al otro equipo’ o a lo que se les ponga enfrente. Tal vez esto ocurra como consecuencia de una poca (poca es un piropo) madurez emocional, limitada cultura académica, y escasa práctica racional abstracta, no lo sé. El caso es que ocurre. Y se vuelve complicado, dada esa postura, un diálogo para encontrar terreno común a pesar de las perspectivas diferentes. Es improbable que se dé un diálogo verdadero entre personas que se perciben como enemigos.

Por eso es tan refrescante el que ocurran situaciones como la que tuve ayer. Tuve la oportunidad de charlar, durante 2 horas y media, con Dawn Lester, autora del libro ‘What Really Makes You Ill?: Why Everything You Thought You Knew About Disease Is Wrong‘ (¿Qué es lo que te enferma en realidad? ¿Por qué todo lo que creías saber sobre la enfermedad está mal?).

Dawn Lester me contactó hace poco más de un mes para ver si podíamos charlar. Junto con su coautor, David Parker, considera que no hay evidencia de que los virus existen, y mucho menos que son causa de enfermedades. Su libro, mismo que comencé a leer luego de haber sido contactada por ella, expone varios argumentos e ideas, incluyendo algunos propuestos por Stephan Lanka, Peter Duesberg, Gerald Geison, Harold Hillman, basadas a su vez en hipótesis propuestas por Antoine Bechamp, y que conforman la base del planteamiento de los médicos neozelandeses Sam y Mark Bailey, actualmente de los más vocales partidarios de la idea de que ‘la virología es mitología’. Como catedrática de la asignatura de Virología, esa idea me preocupa y me concierne, sobre todo porque, aunque es cierto que hay muchas cosas incorrectas que, lamentablemente, muchos siguen enseñando, muchas otras cosas en la Virología cuentan con evidencia sólida, y son la base para comprender – incluso – el origen de la vida celular y grandes saltos evolutivos que se han dado a lo largo de miles de millones de años (algunas de esas evidencias ya las he compartido aquí y otras las haré más adelante conforme tenga tiempo de redactarlas de forma ampliamente entendible). Por eso, he intentado en al menos tres ocasiones ponerme en contacto con Sam Bailey desde hace meses, para que pudiéramos dialogar, pero no he obtenido respuesta de ella. Cuando Dawn me contactó, acepté gustosa la idea de que charláramos sobre nuestras visiones y agendamos el día de ayer para hacerlo.

Hablamos de muchas cosas, y nos volveremos a reunir en el futuro cercano para seguir dialogando, pero quiero adelantarles que comprendí durante la charla con Dawn algo muy importante, acaso esencial, para que pueda dejar de ser un asunto de argumentos antagonistas: existe un problema mayúsculo de definiciones y un problema mayúsculo de niveles ecológicos.

Me explico primero con la parte de las definiciones: Para Dawn, la definición de virus es: «material genético rodeado de proteínas que solamente puede replicar dentro de una célula, y que causa enfermedad«. Esta definición, lamentablemente, es la que suele estar en el currículo de los médicos. La definición de virus que yo utilizo es más amplia, fue propuesta más recientemente y no solo es relevante a la medicina, sino a la ecología y a la evolución. Es esta: «entidad formada de ácidos nucleicos, rodeada de proteínas, que solamente puede replicar dentro de células«. Si se fijan, no menciona, en ningún lado, que cause enfermedad. Esto es porque ya se sabe, desde hace más de una década, que también hay virus mutualistas (su interacción con las células es buena para el hospedero y buena para el virus) y virus comensalistas (su interacción con las células no le hace nada al hospedero y es buena para el virus). Incluso, es esa la definición que enseño (si tomaron mis clases virtuales de Virología, se habrán percatado de eso en la Unidad sobre Evolución y virus; https://youtu.be/e7FXFDgGztc).

El asunto es que, desde esa definición más limitada, es comprensible que se llegue a la conclusión de que no hay evidencia científica inequívoca de la existencia de los virus. ¿Por qué digo eso? Porque es cierto que muchos experimentos realizados para investigar si un virus es la causa de una enfermedad determinada han sido mal realizados, en particular porque la mayoría de ellos no han utilizado controles experimentales, y porque en muchos casos han utilizado otras vías de transmisión que las que se dan de manera natural. Es como si alguien quisiera demostrar que beber soluciones diluidas de dióxido de cloro causa inflamación y muerte de neuronas en el cerebro (aclaro que no tenemos evidencia de esto; es un ejemplo inventado), pero el experimento lo hacen inyectando dióxido de cloro 10,000 veces más concentrado que la dosis que se usa de forma oral, y, además, lo inyectan directamente en la médula espinal de la gente. Probablemente se vería daño en el cerebro, pero no sería demasiado válido que usaran esto como evidencia de que es tóxico beberlo a mucha menor concentración, ¿no les parece? Solo podrían concluir válidamente que es pésima idea inyectarse esa sustancia a esa concentración directamente en la médula espinal. Por eso, los experimentos de Louis Pasteur sobre el agente asociado a la enfermedad conocida como Rabia, que hizo al inyectar directamente en el cerebro de diversos animales un macerado de tejido cerebral de otros animales con signos clínicos típicos de la Rabia, no son lo que se dice ‘bien hechos’. Los efectos, dado el experimento, se pueden deber a muchas otras cosas, y no a un virus. Este es solo un ejemplo, y fue algo realizado a finales del Siglo XIX (la ciencia ha avanzado mucho desde entonces, aunque eso no justifica los errores de sus experimentos) pero sirve bien para ilustrar que los experimentos que se toman como prueba irrefutable de que los virus son la causa de una enfermedad determinada, no siempre se han hecho de forma adecuada

Otra definición que precisa ser explorada es la de la causalidad. En la asignatura de Epidemiología que imparto, dedico una unidad completa para hablar de lo que es la causalidad y de cómo es mucho mejor hablar de los determinantes (es decir, los factores que contribuyen al riesgo o susceptibilidad) de las enfermedades. Esto es porque hablar de causalidad es determinista (es decir, si A, entonces B), mientras que pensar en términos de factores de riesgo nos permite comprender el que no todos los individuos responden de la misma manera (¿recuerdan aquello de ‘no somos ecuaciones matemáticas’?). Hay algunas condiciones donde la causalidad es evidente. Si alguien cae al agua en el río Nilo justo en la temporada de sequía (cuando los animales tienen más hambre por escasez de recursos) y se lo come un cocodrilo, no hay duda alguna de la causa de su muerte: muerte por depredación por cocodrilo. Es poco probable que alguien discuta que la muerte de la persona se debiera a una intoxicación, o a que su sistema inmune no está bien, que su alimentación es pésima, o que fue culpa de su terreno interno. ¡La causa fue el cocodrilo! Lo mismo aplica si alguien muere porque le cayó encima una bañera de una estación espacial (si no han leído “Maldito karma” de David Safier, se los recomiendo). Ahí la causa de muerte sería sin lugar a dudas “aplastamiento por bañera”. Pero si alguien tiene un cuadro de tos, dolor de garganta, fiebre, dificultad respiratoria y cuerpo cortado, es más complicado establecer la causalidad de ese cuadro clínico. Mucho más complicado. ¿Por qué? Porque podemos tomar una muestra orofaríngea y poner a crecer las bacterias en un cultivo y, tal vez, identificar la presencia de Haemophilus influenza, o podemos detectar proteínas específicas de un adenovirus determinado o identificarlo por microscopía luego de un cultivo celular, pero eso no significa que sean “la causa”, aunque sí factores que contribuyen al cuadro. Tenemos que comprender también cómo está su nutrición, cómo está su sistema inmune, cómo está su microbiota, etc. para comprender el que se haya manifestado ese cuadro en esa persona. Si no fuera así, entonces la simple presencia de ese agente sería el equivalente del cocodrilo que nos come o de la bañera que cae sobre nuestra cabeza: el agente causal. En este ejemplo, la bacteria Haemophilus influenza, o el adenovirus, son factores que contribuyen a la enfermedad. Pero, es posible que hasta tengamos personas con el mismo cuadro y en las que no se encuentren esos agentes. Así que si seguimos insistiendo que se genere “evidencia de que un virus es causa de una enfermedad”, estamos en un pantano conceptual que no nos deja avanzar demasiado. Las personas que desarrollan un tic en el párpado por el solo hecho de cuestionar la sabiduría de la ‘Teoría de gérmenes’ no comprenden esto, y dan por hecho de que la evidencia sí está; pero los que también desarrollan un tic en el párpado por el hecho de que alguien proponga que los virus puedan estar asociados con enfermedad, tampoco parecen comprender el hecho de que sí hay evidencia de la existencia de los virus, y que así, tal cual como ellos la desean, la evidencia de que son ‘la causa’ de la enfermedad, no se puede obtener.

Si la definición inamovible de virus está atada a que causa enfermedad, entonces no, es improbable que se cuente con evidencia inequívoca de su existencia, porque ni todos los virus causan daño en las células, ni lo que pasa en las células reflejará siempre y de la misma forma lo que pasa en un individuo.

Retomando lo que escribí al inicio de este texto, me llama mucho la atención que esa definición esté atada a la relación simbiótica que establece con otros hospederos. Me intentaré explicar. Si yo les preguntara, ‘¿qué es un mamífero?’, supongo que responderían algo por el estilo de ‘animal vertebrado que tiene pelaje en al menos algunas partes de su cuerpo, que tiene glándulas mamarias y que sus crías se desarrollan dentro de su útero’ (palabras más, palabras menos). Dudo mucho alguien dijera ‘animal vertebrado que tiene pelaje, mamas y útero y que se come a otros’. No sería correcta su definición, porque no todos los mamíferos son depredadores de otros animales. Algunos sí, como los lobos, los pumas o los leones; pero no todos, y tampoco es que los lobos, los pumas y los leones se coman a todos los otros animales (reto a un león a que intente cazar a un hipopótamo adulto). Es decir, que la relación simbiótica se refiere a cómo interactúan las especies, y no define (salvo en pocos casos) a todo un grupo, o en este ejemplo, a una Clase taxonómica. De la misma manera, no todos los virus establecen una relación antagonista con las células (el hospedero del virus son células particulares, no el organismo completo). De hecho, algunos virus son importantísimos para ayudar al desarrollo del hospedero, o a su supervivencia (también hablo de esto en la clase de virología a la que hice mención: https://youtu.be/e7FXFDgGztc).

Ahora bien, el asunto de niveles jerárquicos en Ecología. Ese es muy, muy importante, y retoma lo que mencioné arriba: los virus interactúan con células. Ese es un nivel ecológico, la célula. Arriba de la célula están los tejidos, luego los órganos, luego los sistemas, luego los individuos, luego las poblaciones, luego las comunidades. La enfermedad la solemos ver al nivel de individuo, pero esto es cuatro niveles jerárquicos arriba de la célula. Entonces, se complica incluso más el que alguien exija que se produzca evidencia inequívoca de que un virus puede causar (ver mi discusión sobre la causalidad arriba) enfermedad, porque la mayoría de los experimentos se realizan con cultivos celulares, así que no sería correcto extrapolar lo que pasa en esa caja de Petri con lo que pasa en el individuo entero (la expresión de enfermedad vista cuatro niveles ecológicos más arriba). Si está bien hecho el experimento, podríamos inferir, con base en los resultados, que ese virus interactúa, bajo esas condiciones, de esa forma con la célula (tal vez la lleve a una lisis o ruptura celular; tal vez le inhiba la expresión de ciertos genes; tal vez acabe la célula entrando en apoptosis o muerte celular; tal vez la célula se vuelva cancerígena; o tal vez no veamos cambio alguno), pero no podemos tomar esos resultados como la ‘evidencia’ de que eso ocurriría en el cuerpo de un individuo luego de haberse expuesto a ese virus.

¿Lo ven? Tenemos un problema de definiciones y de jerarquías. Lo comprendí al hablar con Dawn, y comprendí que, si no tenemos claridad al respecto, es muy improbable que jamás podamos llegar a un terreno común entre las personas que sostienen posturas de un lado y del otro. El diálogo siempre será nutritivo, pero necesitamos hablar en un mismo idioma para comprendernos. Fue muy interesante hablar con ella y poderle plantear mis ideas al respecto. Seguiremos hablando y espero, de hecho, apostaría un café, que van a ser provechosas esas charlas, precisamente porque vienen de las ganas de comprender la perspectiva ‘del otro’ y no de las ganas de denostar, agredir y mostrar que uno tiene la razón y el otro no.

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