APOCALÍPSIS III
A LA IGLESIA DE SARDES.
1 Al ángel de la Iglesia de Sardes escríbele: “Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas:
Conozco tus obras: se te tiene por viviente, pero estás, muerto. 2 Ponte alerta y consolida lo restante, que está a punto de morir; porque no he hallado tus obras cumplidas delante de mi Dios. 3 Recuerda, pues, tal como recibiste y oíste; y guárdalo y arrepiéntete.
Si no velas vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora llegaré sobre ti 2952. 4 Con todo, tienes en Sardes algunos pocos nombres que no han manchado sus vestidos; y han de andar conmigo vestidos de
2948 24. Las profundidades de Satanás: Los gnósticos pretendían dar una ciencia de los secretos divinos –de ahí su nombre– y en realidad eran impostores y sus llamados misterios y su ciencia secreta eran inventos de Satanás que llenaban a los adeptos de soberbia e impiedad. Véase 22, 10; 2 Jn. 9 y notas. Otra carga: Pirot recuerda aquí la abstención de los sacrificios a los ídolos (v. 20), prohibición judía que se extendió a los gentiles en Hch. 15, 20 y 28 s. S. Pablo les había prevenido que en cuestión de comidas sólo se trataba de evitar el escándalo a otros que juzgan. (Rm. cap. 14; 1 Co. cap. 8). Más tarde en Col. 2, 16 dice caramente: “Nadie, pues, os juzgue, en comida o en bebida”. ¿Qué alcance tenían entonces estas advertencias de S. Juan, hechas muchos años después de Pablo y que parecerían judaizantes? No es fácil explicarlo, Véase también 1 Co. 10, 14-30; Hb. 13, 9. Fillion se inclina a pensar que significa no participar en los castigos que recibirá Jezabel.
2949 26 s. Allo refiere esto al triunfo de Cristo que se cumplirá en la Parusía. Cf. Sal. 2, 8 s.; 109, 5 ss.; 149, 6 ss. y notas.
2950 28. Como yo lo recibí, etc. En lo que Jesús prometió personalmente a los suyos en Lc. 22, 29 s.
La estrella matutina (la Vulgata dice Lucifer: el lucero; cf. Sal. 109, 3 y nota) es símbolo de Cristo y de
su gloria. Véase 22, 16. Así lo anunció Balaam, como la estrella de Jacob (Nm. 24, 15-19). Es decir, pues, que aquí Cristo se nos promete Él mismo (22, 12 y nota), Pero ¿acaso el árbol de la vida (v. 7), el maná oculto (v. 17) no son también figuras de Él? Porque Él será nuestro verdadero premio. Cf. 3, 4 s.
2951 29. Esta advertencia, que en las tres primeras cartas iba antes de enunciar el premio, en las cuatro últimas va después.
2952 3. Cf. 16, 15; 1 Ts. 5, 2; 2 Pe. 3, 10.
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blanco, porque son dignos 2953. 5 El vencedor será, vestido así, de vestidura blanca, y no borraré su nombre del libro de la vida; y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles 2954. 6 Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias”.
A LA IGLESIA DE FILADELFIA.
7 Al ángel de la Iglesia de Filadelfia escríbele: “Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cerrará, que cierra y nadie abre 2955: 8
Conozco tus obras. He aquí que he puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar; porque no obstante tu debilidad, has guardado mi Palabra y no has negado mi Nombre 2956. 9 He aquí que Yo te entrego algunos de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí que Yo los haré venir
y postrarse a tus pies, y reconocerán que Yo te he amado 2957. 10 Por cuanto has guardado la palabra de la paciencia mía, Yo también te guardaré de la hora de la prueba, esa hora que ha de venir sobre todo el orbe, para probar a los que habitan sobre la tierra 2958. 11
2953 4. Sardes era centro de la industria textil. De ahí la imagen tomada de las vestiduras. Andar vestido de blanco significa participar en el triunfo del mismo Cristo (cf. 2, 28 y nota). Nombres: personas.
2954 5. El vencedor: véase 2, 7 y nota; 2, 17; 3, 21. Sobre el libro de la vida, véase 13, 8; 17, 8; 20, 12 y 15; 21, 27; cf. 32, 33; Sal. 68, 29; Dn. 12, 1.
2955 7. El que tiene la llave de David: el poder supremo. Véase 1, 18 y nota. Esta expresión reviste sentido mesiánico (cf. 5, 5; 22, 16). Fillion observa que es “tomada de Is. 22, 22, donde se lee: Yo daré (a Eliacim) la llave de la casa de David. Manera de decir que este personaje será el primer ministro del rey. Jesucristo nos es, pues, presentado aquí ejerciendo las funciones de Primer Ministro en el Reino de Dios”. Que abre y nadie cerrará: Cristo tiene el poder y la autoridad suprema para admitir o excluir a cualquiera de la nueva ciudad de David y de la nueva Jerusalén. En Filadelfia se adoraba al dios de las puertas (Jano), que tenía una llave en sus manos. El Apóstol alude a ese ídolo, diciendo: sólo Cristo tiene la llave para abrir y cerrar la puerta del Reino.
2956 8. Una puerta abierta al apostolado que Dios nos prepara (1 Co. 16, 9; 2 Co. 2, 12; Col. 4, 3).
La promesa de que nadie podrá cerrarla es tanto más preciosa cuanto que se trata de un tiempo de apostasía muy avanzada, pues se anuncia ya la gran persecución (v. l0). La debilidad nos muestra la humildad del Apóstol que, como S. Pablo, está reducido a ser “basura de este mundo” (1 Co. 4, 13) y que, sin espíritu de suficiencia propia, cuenta sólo con la gracia, al revés de los de Laodicea que se creían ricos y eran miserables. Cf. 2, 9 y 3, 17.
2957 9. “Palabras tomadas de Is. 60, 14, que anuncian, según la mayoría de los intérpretes, la conversión de los judíos de Filadelfia” (Fillion). Cf. Rm. 11, 25 s.
2958 10. La palabra de la paciencia mía. Así dice el griego literalmente (cf. v. 8). Según Pirot: mi consigna de paciencia (cf. 1, 9; 13, 10; 14, 12); según Holtzmann, la paciente esperanza en la venida de Cristo (Hb. 6, 12; St. 5, 7; 2 Pe. 3, 3-12). Como anota Pirot, “este v. abre las perspectivas de la vasta persecución de que tratará el cap. 13”. En efecto, “si se considera las Iglesias en el orden cronológico (1, 12 y nota), la de Filadelfia precede a la última en la cual se consumaría con el Anticristo el misterio
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Pronto vengo; guarda firmemente lo que tienes para que nadie te arrebate la corona 2959. 12 Del vencedor haré una columna en el templo de mi Dios, del cual no saldrá más; y sobre él escribiré el nombre de Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo viniendo de mi Dios, y el nombre mío nuevo 2960. 13 Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias”.
A LA IGLESIA DE LAODICEA.
14 Al ángel, de la Iglesia de Laodicea escríbele: 15 Esto dice el Amén 2961, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios: “Conozco tus obras: no eres ni frío ni hirviente. ¡Ojalá fueras frío o hirviente! 2962 16 Así, porque eres tibio, y ni hirviente ni frío, voy a vomitarte de mi boca. 17 Pues tú dices:
“Yo soy rico, yo me he enriquecido, de nada tengo necesidad”, y no sabes que tú eres desdichado y miserable y mendigo y ciego y desnudo 2963. 18 Te aconsejo que para enriquecerte compres de Mí oro acrisolado al fuego y vestidos blancos para que te cubras y no aparezca la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos a
fin de que veas 2964. 19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo.
Ten, pues, ardor y conviértete 2965. 20 Mira que estoy a la puerta y golpeo. Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo 2966. 21 Al vencedor le haré sentarse conmigo en mi trono, así como Yo vencí y me senté con mi Padre en su trono 2967. 22 Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a
las Iglesias”.
del mal. Por eso algunos suponen (cf. v. 15 y nota) que este período de Filadelfia, es semejante al nuestro y que a éste se refieren las grandes promesas hechas a los que guardan la Palabra de Dios en medio del general olvido de ella.
2959 11. Cf. v. 20; 22, 10 y nota.
2960 12. Columna: Así fueron llamados Pedro, Juan y Santiago en la Iglesia de Dios (Ga. 2, 9; 1 Tm. 3, 15). Pero aquí se trataría no ya de la formación de esa Iglesia (Ef. 2, 20; 1 Pe. 2, 5), ni de la Jerusalén celestial, pues su Templo será Dios mismo (21, 22), sino de sostener la verdadera fe en tiempos de apostasía (cf. Mt. 24, 24; Lc. 18, 8; 2 Ts. 2, 3). Sobre la nueva Jerusalén, véase el cap. 21.
El nombre mío nuevo: véase v. 14; 2, 17 y notas. Fillion cita a 19, 12 y dice que “el Cristo lleva un nombre nuevo porque ha entrado en su gloria nueva que durará para siempre”.
2961 15. El Amén: voz hebrea que significa: verdad, en este caso la Verdad misma: Jesucristo. En Is. 65, 6 se dice: “el Dios de Amén”. Véase v. 7, donde Cristo es llamado “el Veraz”, como en 6, 10; y 19,
11, donde se le da el nombre de “Fiel y Veraz”. Cf. Jn. 1, 14; 1 Jn. 5, 7.
2962 15. La primera Encíclica del S. P. Pío XII reproduce este tremendo pasaje y dice: “¿No se le puede aplicar (a nuestra época) esta palabra reveladora del Apocalipsis?”
2963 17. Es lo contrario de la bienaventuranza de los pobres en espíritu (Mt. 5, 3 y nota). Cf. v. 8 y nota; 18, 7.
2964 18. El divino Salvador emplea una imagen bien conocida por la industria cosmética de Laodicea, el colirio. Así también ven algunos en la tibieza una alusión a las tibias aguas de sus termas, las que en tal caso serían imagen de ese estado espiritual falto de amor e ideal en que esa Iglesia “se arrastra en una mediocridad contenta de sí misma” (Pirot) y que según S. Agustín es peligrosísimo para el alma y
termina por conducirnos “al abismo de todos los excesos” (S. Jerónimo).
2965 19. Cf. Pr. 3, 12; Hb. 12, 6.
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