domingo , 25 septiembre 2022

Graves errores de seguridad en estudios que justifican la inyección K0 B1T en embarazadas

Por Karina Acevedo Whitehouse Ph.D

Cuando fue publicado el estudio de Shimabukuro y colaboradores en mayo de 2021 «Hallazgos preliminares de la seguridad de la vacuna mRNA Covid-19 en personas embarazadas «(https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33882218/), muchos científicos y médicos saltaron felices y prestos para usarlo como evidencia de que las vacunas de ARNm eran seguras para usarse en mujeres embarazadas. Esto fue porque de acuerdo a esos autores, «Los hallazgos preliminares de su estudio no demostraron señales de [falta de] seguridad obvias entre las mujeres embarazadas que recibieron las inyecciones de ARNm contra Covid-19«.

Afortunadamente, no todos los científicos han sido afectados por desidia, conflictos de interés, o amnesia sobre cómo analizar críticamente un estudio (tal vez debiera ser una condición clínica a considerar, dada su creciente incidencia en la comunidad académica y médica), y fueron publicadas notas y artículos derivados de que, justamente, luego de un análisis crítico, encontraron errores en ese estudio citado. A finales de septiembre, la Dra. Roxana Bruno escribió para Ciencia y Salud Natural, una crítica seria del estudio de Shimabukuro y colaboradores (https://cienciaysaludnatural.com/1-de-cada-8-mujeres-embarazadas-pierden-a-su-bebe-despues-de-recibir-la-inyeccion-k0-b1t/) y poco después, Brock y Thornley publicaron algo parecido (https://cf5e727d-d02d-4d71-89ff-9fe2d3ad957f.filesusr.com/ugd/adf864_2bd97450072f4364a65e5cf1d7384dd4.pdf) en donde hicieron mención de los errores, omisiones y conclusiones erróneas del estudio original que estaba siendo usado por sociedades de ginecobstetricia en casi todo el mundo como justificación de la seguridad de estas vacunas para las mujeres embarazadas y para su bebé en formación.

Al final, los autores del primer artículo tuvieron que escribir una fe de erratas sobre su estudio (https://www.nejm.org/doi/10.1056/NEJMx210016). Específicamente, tuvieron que admitir esos errores que Bruno, Brock y Thornley identificaron correctamente, diciendo «No hubo un denominador disponible para calcular el estimado de riesgo para abortos espontáneos porque al tiempo de hacer este reporte, no se tenía seguimiento de 20 semanas para 905 de las 1224 participantes que fueron vacunadas en los 30 días antes del último día del último período menstrual o en el primer trimestre [de gestación]. Además, cualquier estimado de riesgo necesitaría tomar en cuenta el riesgo específico de semana de gestación para el aborto espontáneo«. ¡Vaya error! Ese pequeño «detalle» del denominador que utilizaron de forma incorrecta les permitió reportar una tasa de abortos espontáneos que era igual a la esperada en la población sin vacuna, y que por lo tanto, lo tomaron como evidencia de seguridad.

Como académica científica, que he publicado más de 50 artículos en revistas arbitradas, y que he participado como editora principal y editora asociada de varias revistas científicas, me veo en la necesidad de preguntar «¿cómo es que no captaron esos errores los revisores durante el proceso de revisión por pares?» (¿demasiadas ocupaciones, conflicto de intereses, amnesia-sobre-cómo-hacer-su-trabajo…).

Hace unos días salió publicado otro artículo, escrito por Bartoszek y Okrój en la revista Journal of Reproductive Immunology. El artículo, titulado (traducido del inglés) «Controversias que rodean la presentación de datos sobre la seguridad de las vacunas de ARNm contra COVID-19 en mujeres embarazadas»), lo pueden leer (en inglés) en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35276571/

Bartoszek y Okrój vuelven a hacer hincapié en los errores estadísticos graves cometidos por los autores del estudio original, y hacen además, un llamado a tener precaución en la publicación de resultados parciales. Bueno, en realidad, ¡casi todo lo que ha llevado a que las agencias sanitarias, ministros de salud, presidentes de colegios o agrupaciones médicas especializadas y médicos especialistas con gran difusión en los medios se declaren (en acción y en palabra) fervientes promotores de la seguridad de las vacunas, ha sido justamente resultados parciales! Los reportes que llevaron a las autorizaciones por emergencia de las vacunas se basaban en datos de seguridad (y eficacia) de 60 días. Amén de otros aspectos problemáticos que ya hemos discutido (como por ejemplo, las consideraciones para excluir a los participantes, y – más recientemente, los datos de, al menos hasta ahora, Pfizer que no fueron hechos públicos), ese hecho – reportar lo que ocurrió en 60 días – significa que no se debía decir que eran seguras más allá de ese tiempo.

En otras palabras, se usaron datos de experimentos incompletos para llegar a conclusiones como si se tratara de experimentos completos. Eso es profesionalmente reprobable, moralmente castigable y, por demás, deleznable. El público en general, que no tiene por qué saber cómo debe de ser leído y analizado un estudio científico y que, si lo sabe, muchas veces no se da el tiempo de hacerlo, cede sus decisiones (y responsabilidad) a lo que los expertos le dicen. Esa es su elección, por supuesto, pero tal vez debiera saber que muchos – muchos – expertos no están realmente comprendiendo las limitaciones de los estudios, ni buscando activamente para contrastar estudios. Se quedan con el (los) estudio(s) que en los medios publicitan. Evidentemente, no hubo ninguna mención de la fe de errata del estudio de Shimabukuro y colaboradores, ni del escrito de Roxana Bruno, o el de Brock y Thornley, ni del artículo reciente de Bartoszek y Okrój. Entonces, los médicos y científicos se quedan con los que sus sociedades médicas y académicas comparten y san-se-acabó. No parece que estén siquiera leyendo el estudio – porque si lo hubieran hecho, tal vez ellos mismos hubieran escrito esos artículos de crítica. Y, lamentablemente, con base en esa información sesgada, recomiendan una, dos, tres, cuatro (más las que se sigan acumulando) dosis a sus pacientes embarazadas.

¡Qué lindo sería un mundo donde los médicos y los científicos se arman de valor para hacer lo correcto y no solamente hacer lo fácil! Sigo creyendo que es posible.

La Dra. Marcia Angell, ex editora de The New England Journal of Medicine, escribió el libro : La verdad sobre las compañías farmacéuticas: cómo nos engañan y qué hacer al respecto . https://www.bitchute.com/video/mNH6xUWZfkCu/

Moraleja: Para comprender un estudio científico no solamente se requiere leerlo. Es necesario e imperativo leer todo el estudio y asegurarse de que comprendió todo lo que hicieron los autores, debe identificar las premisas en las que se basaron y las limitaciones inherentes a su trabajo, analizar lo que encontraron y, sobre todo, determinar si sus conclusiones son apoyadas por lo que los autores encontraron.

Nota del editor: Muy importante también investigar la trayectoria de los científicos que participaron en el estudio cualquiera sea, dado que muchos de ellos tienen conflictos de intereses con los laboratorios fabricantes de inyecciones y vacunas como explica la Dra. Marcia Angell en el video arriba.