jueves , 9 diciembre 2021

Sobre el mandato salvaje de inocular a niños y adolescentes

Por Roxana Bruno, Bioquímica y PhD en Inmunología. Editorial exclusiva para CienciaySaludNatural.com*.

Han pasado 21 meses que la OMS declaró la emergencia de salud pública por K0 B¡T*. Muy pocos niños se han infectado, en comparación con los adultos. En un año y nueve meses se ha reunido evidencia médica, epidemiológica y científica que demuestra que los niños y adolescentes son naturalmente resistentes al K0 B¡T. Los hechos son prueba suficiente: no ha habido epidemia de COVID-19 para los niños y los adolescentes y por lo tanto, pueden considerarse inmunizados y naturalmente protegidos.

*Usamos las expresión K0 B¡T en vez de escribirlo como corresponde para evitar la censura de redes sociales y buscadores.

Roxana Bruno, Bioquímica, Ph.D en Inmunología, Sobre la Vacunación de niños y embrazadas, con
Dra. Karina Acevedo Whitehouse https://www.bitchute.com/video/UjFIj1U8n9Qx/

Ofrezco un análisis de revisión bibliográfica completa para médicos, pediatras, padres y autoridades sanitarias con el fin de alertar el grave error que se comete -de consecuencias impredecibles- al vacunar masivamente contra K0 B¡T a los niños y a los adolescentes.

Los niños son resistentes a la infección por SARS-CoV-2.

Los padres y los pediatras lo saben: los pequeños y los jóvenes sanos, sin co-morbilidades, no son grupo de riesgo para K0 B¡T. Numerosos estudios han resaltado la baja incidencia de infección por SARS-CoV-2 en los niños en comparación con los adultos 1- 5. Generalmente tienen síntomas leves o son asintomáticos, no requieren hospitalización, resuelven el cuadro clínico en pocos días y tienen una sobrevida del 99,998% a la infección por SARS-CoV-2. Esto significa que un 0,002 % (apenas 1 cada 50.000 niños) podría estar en riesgo de contraer K0 B¡T severo. En la actualidad no existe, ni ha existido jamás, una emergencia por K0 B¡T para los niños y los adolescentes. 

¿Se debe vacunar contra K0 B¡T a quienes ya están naturalmente protegidos, no transmiten la enfermedad y no son susceptibles de enfermar gravemente?

Los niños y los adolescentes no deberían ser vacunados con ninguna de las inyecciones K0 B¡T, porque no las necesitan. Ninguna plataforma experimental de inmunización contra K0 B¡T puede ofrecer a los niños la más mínima oportunidad de beneficiarse. Los datos recogidos hasta la fecha indican que, al vacunarlos contra K0 B¡T, se podría aumentar la posibilidad de dañarlos.

Ningún pediatra ni autoridad de salud pública ha argumentado por qué los niños y jóvenes deben recibir estas inyecciones. ¿Cuáles son los argumentos que se esconden detrás de la prescripción salvaje de inocular a los más pequeños con productos experimentales desconocidos y de uso de emergencia?

El único argumento es la idea falsa, propagada por los medios masivos de comunicación, de que los niños y adolescentes pueden ser transmisores del SARS-CoV-2. Proponen inyectar a los niños para proteger a los adultos susceptibles. Pero los adultos y adultos mayores, que son susceptibles, ya están completamente vacunados contra K0 B¡T.

¿Es ético experimentar con los más pequeños bajo la suposición de proteger a los adultos? No es ético, ni científico. Es cobardía, es negligencia y es delito de lesa humanidad experimentar con los seres humanos sin previo consentimiento informado 6, 7. La evidencia y la ciencia ya lo han demostrado: los niños y adolescentes no necesitan ser vacunados contra K0 B¡T porque no enferman, ni transmiten. A continuación mencionaré los estudios científicos revisados por pares que respaldan mi afirmación.

1- Los niños tienen baja expresión del receptor ACE2

ACE2 (enzima convertidora de angiotensina 2) es el receptor que los coronavirus (SARS-CoV-2, SARS-CoV y NL63) usan para infectar las células. Una expresión más alta de ACE2 aumenta la susceptibilidad in vitro al SARS-CoV 8. El tabaquismo, la diabetes y la hipertensión, todos factores de riesgo asociados con una mayor gravedad de la enfermedad K0 B¡T, se asocian con una mayor expresión del receptor ACE2  9.

Por el contrario, una expresión reducida del gen ACE2 en las células de las vías respiratorias, se asocia con una menor susceptibilidad a la infección por SARS-CoV-2. Y esto es lo que posiblemente sucede en los niños. Las tasas más bajas de infección en los niños y la ausencia de gravedad del K0 B¡T entre los niños, en comparación con los adultos, podrían explicarse por la baja expresión de ACE2 en el epitelio nasal 10, 11. La menor expresión de ACE2 en niños en comparación con los adultos podría ayudar a explicar por qué K0 B¡T es menos prevalente en niños.

No obstante, es frecuente escuchar que las autoridades sanitarias y los pediatras indican vacunar a los niños y adolescentes sanos contra K0 B¡T y sienten que lo hacen con mayor razón cuando presentan cuadros de alergias respiratorias y asma, por considerarlos “factores de riesgo de K0 B¡T”. Desconocen cuán equivocados están. Hay que hacerles llegar las últimas publicaciones científicas. La evidencia sugiere que, paradójicamente, tener una condición alérgica respiratoria puede reducir la susceptibilidad a la infección y a la enfermedad grave por SARS-CoV-2. La expresión del receptor ACE2 es significativamente más baja tanto en los niños como en los adultos con alergia respiratoria, con altos niveles de asma y con sensibilidad a los alergenos. En los niños con sensibilización alérgica y con asma alérgica la expresión de ACE2 está marcadamente disminuida en el epitelio nasal. Los niños con asma y mayor sensibilización a IgE tienen los niveles más bajos de expresión del receptor ACE2 12.

Para comprender si es ésta la causa biológica de la resistencia natural de los niños y adolescentes al K0 B¡T, se encuentra en marcha un estudio clínico llamado “Epidemiología humana y respuesta al SARS-CoV-2” (HEROS), financiado por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) 13. El estudio se diseñó para hacer un seguimiento prospectivo de 6.000 niños. Se quiere determinar cuáles son los factores de riesgo para el desarrollo de K0 B¡T, determinar qué porcentaje de niños infectados con el SARS-CoV-2 desarrollan los síntomas de la enfermedad y determinar si las tasas de infección por SARS-CoV-2 difieren entre los niños que tienen asma y otras afecciones alérgicas y los niños que no tienen enfermedades de base 14. El estudio HEROS aclarará si la expresión reducida del gen ACE2 en las células de las vías respiratorias de niños con enfermedades alérgicas se correlaciona con una tasa más baja de infección por SARS-CoV-2 y K0 B¡T.

Es sensato y prudente esperar los resultados del estudio HEROS antes de vacunar de manera experimental y masiva a los niños y los adolescentes.

2- Los niños tienen inmunidad natural contra Coronavirus

Los niños presentan tasas de infección muy bajas por SARS-CoV-2 y un riesgo sustancialmente menor de desarrollar la enfermedad grave por K0 B¡T en comparación con los adultos. La  protección natural observada en los grupos de edad más jóvenes se explica por la inmunidad antiviral innata preactivada que tienen los niños en las mucosas de las vías respiratorias superiores 15.

Dicho de manera sencilla, las células inmunes de las vías respiratorias de los niños están mejor preparadas para la detección de virus, lo que resulta en una respuesta antiviral innata temprana más fuerte a la infección por SARS-CoV-2 que en los adultos.

La explicación molecular está en la diferente composición celular en las vías respiratorias superiores de niños y adultos y en la activación mejorada de las células inmunitarias innatas en los niños. Los niños tienen una mayor expresión basal de receptores de reconocimiento de patrones en las células epiteliales de la mucosa nasal, en los macrófagos y en las células dendríticas, lo que resulta en respuestas antivirales innatas más fuertes en la infección por SARS-CoV-2 que en los adultos.

Además de la capacidad antiviral intrínseca de células epiteliales, dendríticas y macrófagos, en los niños se encuentra un predominio de subpoblaciones de células inmunitarias distintas, en particular células T citotóxicas (necesarias para la destrucción eficaz de las células infectadas por virus) y una población de células T CD8 + distinta con un fenotipo de memoria que está casi ausente en los adultos 14  y que serían potencialmente beneficiosas para la protección de los niños contra futuras reinfecciones.

El SARS-CoV-2 es muy sensible al tratamiento con interferón de tipo I (IFN-I) antes o después de la infección 16. La respuesta inmune innata preactivada en los niños conduce a una producción temprana eficiente de IFN en las vías respiratorias infectadas: esto puede conducir a una replicación reducida del virus y una eliminación más rápida en los niños. De hecho, varios estudios ya demostraron que los niños son mucho más rápidos en la eliminación del SARS-CoV-2 en comparación con los adultos, de acuerdo con el concepto de que cortan antes la replicación viral 17-19.

Los niños muestran una mayor expresión de genes asociados con la señalización de IFN y otras vías de la inmunidad innata. Se detectan niveles más altos de genes asociados con células inmunes y niveles más altos de proteína IFN-α2, IFN-γ, IP-10, IL-8 e IL-1β en el líquido nasal en los niños que en los adultos. Estos mecanismos moleculares proporcionan evidencia directa de una respuesta inmune mucosa temprana y más vigorosa en los niños en comparación con los adultos 20.

La capacidad antiviral innata mejorada en los niños, junto con la alta sensibilidad al IFN del SARS-CoV-2, puede explicar por qué los niños pueden controlar mejor la infección en etapa temprana en comparación con los adultos y tienen, por lo tanto, un riesgo menor de desarrollar K0 B¡T grave.

El curso de la enfermedad y la respuesta inmunitaria en niños y adultos después de la infección por SARS-CoV-2 son muy diferentes. Las células T en los niños tienen una mejor capacidad que los adultos para responder a virus nuevos 21.  Además, de acuerdo con otro estudio reciente, los niños prepandémicos tenían clones células B de memoria capaces de unirse al SARS-CoV-2 y mostraban una reactividad cruzada débil con otros coronavirus, mientras que la sangre o los tejidos adultos mostraron pocos clones de este tipo 22. Estos resultados destacan la importancia de la exposición infantil previa a los coronavirus del resfriado común, debido a que la exposición temprana promueve la formación, distribución tisular y evolución clonal de las células B que codifican la memoria inmunitaria humoral y permiten la reactividad cruzada para respuestas protectoras futuras a nuevos patógenos 23-25.

3- Los niños no transmiten el SARS-CoV-2.

Numerosos estudios epidemiológicos respaldan la evidencia de que los niños y adolescentes no solo tienen menos probabilidades de desarrollar cursos de enfermedad K0 B¡T grave 26, sino que también son menos susceptibles 27, 28 y menos propensos a transmitir el SARS-CoV-2 29-31.

Entre casi 2 millones de niños de 1 a 16 años y sus maestros, que fueron seguidos en las escuelas en Suecia, sin la obligatoriedad del uso de tapabocas se reportaron cero muertes por K0 B¡T9 y muy pocos casos de transmisión 32.   

En Canadá, estudios recientes que monitorearon los niveles de anticuerpos de SARS-CoV-2 en estudiantes y personal docente en 107 escuelas en Vancouver, informaron que 67 escuelas no tenían registros de K0 B¡T, y otras 25 de estas escuelas solo tenían un caso registrado 33. A pesar de la cercanía de los estudiantes y los maestros en el aula, las tasas de transmisión del SARS-CoV-2 entre los adolescentes han sido extremadamente bajas.

Otro estudio realizado en Alemania en hogares con al menos un caso confirmado de SARS-CoV-2 reveló que no hubo ningún contagio entre niños (no hubo transmisión de una persona menor de 18 años a un contacto doméstico menor de 18 años) pero, por el contrario, sí detectaron contagios de adultos hacia los niños y jóvenes: hubo transmisión de SARS-COV-2 de adultos a contactos domésticos menores de 18 años 34. Quiere decir que, en realidad, son los adultos los que contagian a los niños. Y además, los niños son protectores de los adultos, debido a que los hogares con niños y adolescentes tuvieron significativamente menos probabilidades de ser positivos para SARS-CoV-2, en comparación con los hogares sin niños 33.

4- Los niños no obtendrán ningún beneficio con las inyecciones K0 B¡T

De acuerdo con la evidencia epidemiológica y científica reseñada, los niños son efectivamente inmunes al SARS-CoV-2. Se los puede considerar naturalmente inmunizados y de bajo riesgo, por lo tanto no necesitan recibir inyecciones K0 B¡T. Tienen una resistencia natural que los ha protegido hasta ahora sin ninguna vacuna. Las inyecciones K0 B¡T no puede beneficiarlos: tan sólo se puede esperar que se rompa esa barrera natural que los ha protegido y que aumente la susceptibilidad a la infección por las nuevas variantes de SARS-CoV-2. Ya se demostró que las personas completamente vacunadas tenían más probabilidades de ser infectadas por variantes de SARS-CoV-2 que las personas no vacunadas; y esto es debido a una disminución de la neutralización de los anticuerpos en los vacunados, pero no porque las variantes se asocien con una mayor infectividad 35.

Los datos de los CDC indican que en Estados Unidos la tasa de hospitalización por K0 B¡T para niños entre 0 y 17 años se sitúa entre 0,6 – 2,1 por cada 100.000 niños, sin muertes registradas 36, 37. La tasa de lesiones graves reportadas por inyecciones K0 B¡T fue de 43 por 100.000 para los menores de entre 12 y 17 años (129.050 adolescentes que fueron vacunados, 56 fueron hospitalizados) 38. Por lo tanto, los datos oficiales indican que la tasa de riesgo de hospitalización por lesión de la inyeccion K0 B¡T es entre 20 y 62 veces más alta que la de hospitalización por K0 B¡T 39. Si, leyó bien: el riesgo de hospitalización es de al menos 20 veces mayor en jóvenes de 12 a 17 años por la administración de la inyección K0 B¡T de ARN de Pfizer que el riesgo de hospitalización por infección del virus SARS-CoV-2 para el cual se supone que la vacuna ofrece protección.

La evidencia acumulada en los países con tasas de vacunación elevadas indicaría que la inyección K0 B¡T no ofrece protección. Si bien se promocionó una eficacia del 95%, lo que se ha visto 6 meses después en las personas completamente vacunadas es una reducción del riesgo relativo del 95% a menos del 50% y la reducción absoluta del riesgo con la vacuna de ARN es aproximadamente de 0,7%.

En Israel, donde la mayoría de la población adulta ha sido vacunada con dos dosis, la incidencia diaria de nuevos casos de K0 B¡T es más alta que en enero de 2021, cuando una minoría de la población estaba vacunada. Las autoridades israelíes están administrando una tercera dosis de refuerzo y hay planes para administrar una cuarta dosis a finales de este año 2021, pero de una nueva inyección modificada genéticamente, llamada inyección K0 B¡T de “segunda generación”.

Un estudio retrospectivo realizado en Israel demostró que la inmunidad natural confiere una protección más duradera y más fuerte contra la infección, la enfermedad sintomática y la hospitalización causada por la variante Delta del SARS-CoV-2, en comparación con la inmunidad inducida por dos dosis de la inyecciones de RNA 40. Los datos sugieren que la inmunidad natural es al menos 13 veces mejor que la vacunación para prevenir futuras apariciones de K0 B¡T. En otras palabras, las personas que habían recibido la inyección tenían un riesgo 13,06 veces mayor de infección con la nueva variante Delta del SARS-CoV-2. Este hallazgo va en contra de la propaganda de las vacunas K0 B¡T. Las autoridades sanitarias han negado la eficacia de la inmunidad colectiva y promueven las vacunas con la falacia de que “las vacunas provocan una inmunidad más fuerte que la infección natural”. Los datos científicos dicen todo lo contrario.

Lo mismo se está observando en Inglaterra. Según el informe de vigilancia de la inyeccion K0 B¡T de la semana 38 de Public Health England, para el grupo de edad de mayores de 40 años, los vacunados contraen K0 B¡T con más frecuencia que los no vacunados 41.

En los países que tienen tasas más altas de vacunación de la población se advierte que los nuevos casos de K0 B¡T predominan en las personas vacunadas, quienes, además, tienen cargas virales más altas que las personas con K0 B¡T no vacunadas. Esta es otra evidencia de que las inyecciones masivas contra K0 B¡T no ofrecen protección. Un estudio realizado recientemente en Vietnam indicó niveles hasta 250 veces más altos de la cepa Delta en los nuevos casos de COVID-19 que las cargas virales detectadas el año anterior, antes de la vacunación 42.

La comunidad médica y científica está siendo desafiada por los hechos que no pueden explicar. La premisa de que las inyecciones K0 B¡T “protegen” contra la enfermedad grave y la muerte y que se consideraban “fundamentales” para poner fin a la pandemia no se cumplió. El 90% de los nuevos casos de K0 B¡T son individuos vacunados con esquemas completos. La aparición de variantes del SARS-CoV-2 con mutaciones de la proteína S, totalmente resistentes a la neutralización de los anticuerpos vacunales, ha puesto en duda la eficacia de la vacunación 43, 44

El SARS-CoV-2 se ha hecho resistente a las inyecciones K0 B¡T, evade el sistema inmune de los vacunados, e interacciona de manera diferente con las células que infecta. Era de esperar. Los anticuerpos que se producen a partir de la vacunación intramuscular difiere del tipo de anticuerpos que se generan en las mucosas de las vías respiratorias y de los pulmones. Por eso la inmunidad adquirida por la infección natural es protectora, de amplio espectro, permanece por 18 meses y posiblemente perdure toda la vida 45 – 48. Por el contrario, las inyecciones K0 B¡T requieren dosis refuerzo cada seis meses y tan sólo generan resistencia y evasión viral, favorecen la aparición de nuevas cepas, generan nuevos brotes, promueven más transmisión y además, causan inflamación crónica, autoinmunidad y habrá que esperar para determinar si, a mediano y largo plazo, desencadenan procesos carcinogénicos totalmente nuevos inducidos por el tipo de plataformas génicas que se están ensayando y que nunca antes han sido utilizadas 49

La publicación científica más reciente, del 25 de octubre de 2021, reporta que la variante A.30 del SARS-CoV-2 puede evadir el control de los anticuerpos inducidos por la inyección y podría mostrar una mayor capacidad para ingresar a las células de una manera dependiente de la catepsina L, lo que podría ayudar particularmente en la diseminación extrapulmonar 50.

Esto significa que la variante analizada es resistente a las inyecciones K0 B¡T, tiene facilitada la infección y la entrada a las células y una vez dentro del cuerpo del infectado, podría pasar con mayor facilidad a otros tejidos, más allá del pulmón. Dicho en términos simples, los científicos ya están admitiendo la ADE, la enfermedad agravada por las inyecciones K0 B¡T. Los autores alertan que la posible propagación de la variante A.30 y advierten que se justifica una vigilancia estrecha y la rápida implementación de contramedidas. ¿Se detendrá la vacunación masiva antes de que sea demasiado tarde?

El argumento que se ha utilizado para promocionar la vacunación masiva es que evitará la propagación del virus SARS-CoV-2 y que protegerá a quienes corren mayor riesgo. Pero la evidencia indica que vacunación ha aumentado la resistencia del SARS-Cov-2 y la carga viral en los vacunados también ha aumentado. Por lo tanto, vacunación ha propiciado la propagación de las nuevas variantes.

Cinco de 10 cepas de SARS-CoV-2 circulantes a nivel mundial, que contenían mutaciones en el dominio de unión al receptor, resultaron muy resistentes a la neutralización de los anticuerpos vacunales de  individuos que recibieron una o dos dosis de inyecciones BNT162b2 o ARNm-1273 51.

Un número relativamente pequeño de mutaciones en la proteína S (spike), puede mediar un escape potente de las respuestas a la inyección. Solo tres mutaciones fueron suficientes para generar una variante de escape, resistente al 70% de los anticuerpos neutralizantes probados 52. Estos datos predicen que, a medida que aumenta la inmunidad en la población después de la vacunación masiva, surgirán nuevas variantes, con consecuencias impredecibles.

La capacidad de las variantes para escapar de la neutralización de los anticuerpos generados por las inyecciones K0 B¡T, nos muestran la necesidad urgente de desarrollar intervenciones protectoras amplias contra la pandemia. Debido a la incapacidad de las vacunas K0 B¡T de prevenir la transmisión, todas las variantes circulantes inevitablemente se volverán completamente resistentes a las vacunas y dominarán las variantes que se propaguen mejor entre los vacunados. Por este motivo numerosos autores advierten de la necesidad urgente de la rápida implementación de contramedidas para impedir la propagación mundial de las variantes resistentes a las vacunas K0 B¡T.

Un análisis reciente de la efectividad de la vacunación obligatoria realizado en Estados Unidos, en la Universidad de Cornell, ha revelado que a pesar del cumplimiento en la vacunación de todos los estudiantes, profesores y el personal de esta universidad en abril, (del 95% de vacunación) la incidencia de nuevos casos de K0 B¡T en el campus en la primera semana de septiembre fue 5 veces mayor que el año anterior, en la misma fecha 53. Por lo tanto, la vacunación obligatoria masiva no mostró beneficios con respecto a la reducción de la incidencia de la infección por SARS-CoV-2 en este campus universitario.

El caso de Chile se debe tener en cuenta. Chile es el país con tasa de vacunación más elevada de Latinoamérica, con el 70% de la población vacunada. De un total de 19 millones de habitantes, más de 13 millones ya recibieron dos dosis de las vacunas Sinovac, CanSino, Pfizer y AstraZeneca. Sin embargo, actualmente atraviesa por un nuevo brote de infecciones por SARS-CoV-2, con más de 10.000 casos activos de K0 B¡T. Lamentablemente, en Chile ya se está vacunando a los menores, desde los 6 años en adelante. Incapaces de controlar la aparición de nuevos casos, las autoridades decidieron seguir apostando por las inyecciones y lanzaron un plan de vacunación con una tercera dosis en agosto y desde entonces ya han administrado más de 5,2 millones de dosis de refuerzo a las personas menores de 55 años. Las consecuencias son predecibles: aparecerán nuevas variantes resistentes a las vacunas, habrá nuevos brotes y se registrará un mayor número de casos de K0 B¡T que en los países menos vacunados.

Es reprochable la manera en que la eficacia y la seguridad de las inyecciones experimentales contra K0 B¡T ha sido subestimada por las autoridades de salud internacionales, a la vez que han sido promocionadas de manera irresponsable por los principales medios de comunicación como seguras, eficaces y necesarias, sin que hayan finalizado los ensayos experimentales de fase 1, 2 y 3. Los famosos y los mandatarios que se muestran públicamente en la televisión y en las redes sociales recibiendo la vacuna contra K0 B¡T envían un fuerte mensaje a los ciudadanos, para que confíen en la seguridad de las vacunas. Pero lo cierto es que nadie asume la responsabilidad de los daños que las vacunas pueden ocasionar. Ningún profesional prescribe las vacunas K0 B¡T con sello, firma y matrícula. Tan solo las recomiendan, sin dejar por escrito que asumen las responsabilidad profesional de las consecuencias de lo que están recomendando. Las empresas farmacéuticas gozan de protección legal y patrimonial y están exentas de responsabilidad por los daños a la salud que las vacunas puedan provocar. ¿En quién recae la protección de nuestros niños y adolescentes? En los padres, que confían en los médicos, en los gobernantes y en los medios masivos de comunicación.

Los riesgos superan los beneficios, hasta que se demuestre lo contrario. 

En vista del bajo riesgo de enfermedad K0 B¡T en los niños, adolescentes y jóvenes y los beneficios demostrados de la inmunidad duradera después de la infección natural por el virus, comparado con las variantes nuevas, resistentes a las inyecciones K0 B¡T y causantes de brotes cada vez más difíciles de controlar generados por la vacunación masiva, estimo que se requiere máxima prudencia y discernimiento ante las presiones, los gobiernos, la propaganda de las inyecciones K0 B¡T y las campañas de miedo y manipulación mediática.

En el contexto epidemiológico actual, asumir la responsabilidad de inocular voluntariamente a los niños y adolescentes con un producto que está todavía en fase experimental, cuyos efectos adversos reportados superan los beneficios, y sin haber comprobado la inmunidad natural previa contra coronavirus es, en mi opinión, aceptar el juego de la ruleta rusa con nuestros hijos. 

Según una investigación reciente presentada en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, la proteína S (Spike) utilizada en las inyecciones K0 B¡T causa cambios en las células de los pequeños vasos sanguíneos del corazón. Por este motivo, los niños tienen seis veces más probabilidades de ser dañados por la vacuna, que por el virus. Así lo reportó el equipo médico científico dirigido por la Dra. Høeg de la Universidad de California.  Basado en las tasas de hospitalización actuales, los científicos encontraron que los adolescentes de 12-17 años tienen seis veces más probabilidades de sufrir problemas cardíacos a causa de la vacuna, que de ser hospitalizados por K0 B¡T 54.

En otro estudio, se utilizaron los datos de Public Health de Ottawa de todas las inyecciones administradas en el área de Ottawa entre el 1 de junio y el 31 de julio de 2021 para calcular la incidencia de miopericarditis. La incidencia de miopericarditis en general fue de aproximadamente 10 casos por cada 10.000 inoculaciones 55. Es probable que esto sea una subestimación del daño cardíaco total que se está produciendo, ya que muchos casos pueden ser inicialmente subclínicos.

Según los datos de los CDC, en junio de 2021, el Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS) informó 1.226 casos de miocarditis después de la vacunación con inyecciones K0 B¡T. La mediana de edad fue de 26 años y la mediana de tiempo hasta la aparición de los síntomas fue de 3 días después de la vacunación con las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna. VAERS recibió y procesó 9.246 informes de eventos adversos para adolescentes de 12 a 17 años que recibieron la vacuna Pfizer-BioNTech entre el 14 de diciembre de 2020 y el 16 de julio de 2021. En siete meses, entre los jóvenes de 12 a 17 años que recibieron la vacuna de Pfizer se reportaron 397 informes de inflamación cardíaca y 14 muertes después de recibir la vacuna 56. Entre los adolescentes, el  70,6% de los informes de eventos graves se produjeron en hombres y la mediana de edad fue de 15 años. Las afecciones y los hallazgos diagnósticos notificados con más frecuencia entre los informes de eventos graves fueron dolor torácico (56,4%), aumento de los niveles de troponina (41,7%), miocarditis (40,3%), aumento de la proteína C reactiva (30,6%). Estos hallazgos son consistentes con un diagnóstico de miocarditis.

Al revisar la evidencia de miocarditis después de la inyeccion, el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización de los CDC, en un insólito informe, consideró que los beneficios de las inyecciones K0 B¡T superan claramente cualquier riesgo 57. No obstante, los CDC publicaron una guía instando a los médicos a estar alertas a los síntomas cardíacos inusuales, que podrían incluir dolor en el pecho, dificultad para respirar o palpitaciones, entre los jóvenes que acaban de recibir sus inyecciones 58. Un informe publicado recientemente en la revista Pediatric Reports ofrece información preliminar útil sobre detalles clínicos y terapéuticos relacionados con la miocarditis relacionada con las inyecciones K0 B¡T en adolescentes 59.

Los ensayos de vacunación contra K0 B¡T incluyeron un número muy limitado de niños y en un tiempo muy breve, por lo que es posible que no hayan detectado eventos adversos graves en esta población. La realidad indica que se publican cada vez más casos de miocarditis aguda o miopericarditis en adolescentes varones sanos que presentaron dolor en el pecho dentro de los 2 a 4 días posteriores a la segunda dosis de las inyecciones K0 B¡T 60-65.  

En Israel también se han notificado casos de miocarditis diagnosticada tras la vacunación con K0 B¡T entre el personal militar hospitalizado de las Fuerzas de Defensa Israelí durante el período de vacunación K0 B¡T (entre el 28/12/2021 y el 3/7/2021). Identificaron 8 casos de miocarditis con síntomas que comenzaron entre la primera semana después y hasta 10 días después de la segunda dosis de la inyección K0 B¡T de Pfizer-BioNTech 66. Todos los pacientes eran jóvenes y en general sanos. La incidencia de miocarditis en la semana siguiente a una segunda dosis de la inyección fue de 5,07 cada 100.000 personas vacunadas. Esta incidencia de miocarditis es mayor de lo esperado para este grupo de edad, sin embargo, debido a la naturaleza de este informe, no pudieron establecer ninguna causalidad. Debido a la naturaleza de este informe, no pudieron establecer ninguna causalidad. Los médicos deben ser conscientes de la posibilidad de miocarditis después de la vacunación contra K0 B¡T y en especial con Pfizer-BioNTech y Moderna, mientras se investigan a fondo las verdaderas tasas de incidencia.

Las autoridades israelíes ya investigan el vínculo entre la inyección de Pfizer y el problema cardíaco en hombres menores de 30 años 67. La investigación filtrada del Ministerio de Salud genera preocupación, ya que se encontraron 62 casos de miocarditis de los 5 millones de vacunados, la mayoría después de la segunda dosis y 2 muertes, pero aún no se estableció un vínculo directo.  Tras los informes de casos de miocarditis en el momento de la vacunación contra el coronavirus, el Ministerio de Salud de Israel ha designado un equipo epidemiológico ampliado para investigar el posible vínculo entre estos casos y la inyecciones. El equipo se creó luego de que un Comité de Control y Calidad levantara sospechas por tal vínculo y presentará sus conclusiones al Director General del Ministerio de Salud 68.

El informe del Ministerio de Salud de Israel detalla que entre diciembre de 2020 y mayo de 2021 se han notificado 275 casos de miocarditis, de los cuales, 148 casos de miocarditis se han producido en el momento de la vacunación. Con la primera dosis se reportaron 27 casos de un total de 5.401.150 personas vacunadas. Con la segunda dosis (dentro de los 30 días a partir del día de la vacunación) se reportaron 121 casos de un total de 5,049,424 personas vacunadas. Hasta ahora, este fenómeno se ha informado principalmente entre los hombres más jóvenes (de 16 a 19 años) y generalmente después de recibir la segunda dosis. La mayoría de los casos han estado internados en el hospital hasta 4 días 68.

La vacunación masiva experimental no tiene precedentes. Debería haber como mínimo un año de estudio y seguimiento de la vacunación en los ensayos clínicos, para poder tener la cantidad de datos necesarios para la aprobación de una vacuna, en lugar de los 2 meses para la autorización de uso “de emergencia”. En los niños y adolescentes nunca hubo “emergencia”. Sin embargo, la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) autorizó la inyeccion de Pfizer-BioNTech para uso de emergencia en niños de 12 años o más el 10 de mayo de 2021 y La agencia reguladora de medicamentos de la Unión Europea (EMA) la autorizó para su uso en niños de 12 a 15 años el 28 de mayo de 2021 69. En apenas un mes, a principios de julio, el Comité de Evaluación de Riesgos de Farmacovigilancia de la EMA ya estaba investigando informes de miocarditis / pericarditis después de recibir la inyecciones de Pfizer-BioNtech. Obviamente, desestimó los incidentes alegando que estaban ocurriendo a un ritmo similar que en la población general 70.

En un próximo artículo desarrollaré los principales aspectos de seguridad y abordaré los mecanismos moleculares que pueden desencadenar daños por efectos adversos en los niños vacunados. Por el momento, varias preguntas permanecen sin respuesta. ¿Porqué los niños y jóvenes están siendo vacunados? ¿Porqué el miocardio se ve afectado después de la vacunación? ¿Por qué son los adolescentes y los jóvenes los más afectados? ¿Por qué aparece miocarditis con tanta frecuencia después de la segunda dosis de la inyección?.

Algunas vacunas experimentales ya demostraron ser contraproducentes en el pasado: hicieron que los vacunados fueran más susceptibles a la infección, en lugar de protegerlos. No se puede descartar la hipótesis de que se presente enfermedad agrada por la vacuna (ADE) donde los anticuerpos permiten la entrada y replicación mejoradas del virus, aumentando la susceptibilidad a la infección como ya se observó con ciertos virus como el coronavirus felino, el virus del dengue y el virus de la inmunodeficiencia felina. La mejora inducida por la vacuna ha sido un obstáculo importante en el desarrollo de ciertas vacunas contra flavivirus, coronavirus, paramixovirus y lentivirus 71 debido a que la respuesta inmune puede resultar en un aumento de la enfermedad dependiente de anticuerpos o, al contrario, puede inducir anergia. En ambos casos se pierde el control de los agentes patógenos y se inducen consecuencias clínicas aberrantes 72.

Aparte de estos y otros problemas conocidos, también existe la preocupación de que las repetidas inyecciones que se requieren para que las vacunas de ARN y las de adenovirus “funcionen”, provoquen reacciones inflamatorias contra los propios tejidos del cuerpo, que muy probablemente desencadenarán enfermedades autoinmunes. Este riesgo aumenta con cada inyección de estas vacunas y con las futuras vacunas que emplean las mismas tecnologías. Las consecuencias y el impacto sobre la salud son impredecibles.

Aceptando el mandato salvaje de los nuevos Herodes del siglo XXI, el mandato irracional de inocular masivamente a los niños y adolescentes con las inyecciones K0 B¡T, corremos el riesgo de enfermar y de matar a miles de niños inocentes del mundo, dañándolos con miocarditis y otras afecciones graves aún peores que el K0 B¡T de las que hasta ahora se han librado por acción de la protección natural que les confiere su potente inmunidad antiviral innata preactivada en las mucosas de las vías respiratorias superiores.

Ahora la pelota está en el tejado de los padres, los pediatras y las autoridades sanitarias.

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Bibliografía

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