lunes , 5 diciembre 2022

Taquicardia en el feto de madres vacunadas contra K0 B1T

Por Karina Acevedo Whitehouse Ph.D, DOI: 10.2144/fsoa-2022-0007 – Extractado de: https://t.me/akashacomunidad/2159

En este artículo que comparto con ustedes, publicado el 12 de septiembre de 2022 por Abdallah y colaboradores, se describe una de estas potenciales consecuencias de haber inoculado a mujeres embarazadas con los productos COVID-19: la taquicardia supraventricular fetal. El artículo se titula (traducido del inglés) «Taquicardia supraventricular fetal y la vacunación materna contra COVID-19: ¿hay alguna relación?» (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36248062/)

Deseo hablar del potencial impacto de estos productos, conocidos equivocadamente como vacunas anti-COVID, en los fetos de mujeres embarazadas que reciben esos productos basados en ARNm sintético modificado o en vectores adenovirales, lo que significa, en ambos casos, que son productos que se basan en terapia génica (bajo la definición de terapia génica, no hay nada que discutir: estas inyecciones introducen en las células la información genética para que dichas células produzcan proteínas específicas. Ergo: son terapia génica).

Como he explicado desde hace ya muchos meses, los productos que están siendo utilizados para inocular a la humanidad no fueron probados en grupos determinados (por ejemplo, en mujeres embarazadas, lactantes, personas con comorbilidades, etc.) antes de autorizarlas para su uso general en la población adulta.

A pesar de la ausencia de evidencia de seguridad de estos productos en mujeres embarazadas y lactantes, las sociedades médicas de ginecobstetras se cuadraron en una sola voz: recomendarlas sin tapujos a sus pacientes.

Predeciblemente, luego de esa recomendación carente de evidencia de alguna seguridad, cientos de miles de mujeres embarazadas corrieron a recibir estos productos. Al final, querían proteger a su bebé y a ellas mismas, y creyeron en los médicos que les dijeron que lo hicieran.

Tal vez el asunto más importante aquí sea recordar que no se trata de creer ciegamente en lo que nos dice una autoridad (sobre todo cuando se trata de productos nuevos, pobremente estudiados), sino en pedirles evidencia científica, discutir con ellos, y llegar a nuestras propias conclusiones informadas.

Sí, es más complicado, pero se trata de nuestras vidas. Yo diría que bien vale el esfuerzo de investigar. Las consecuencias de haber inoculado a tantas mujeres embarazadas aún no las podemos identificar claramente, pero ya comienzan a asomarse algunas evidencias, lamentablemente, de problemas de salud en los fetos y bebés a consecuencia de dichas inoculaciones.

La taquicardia supraventricular fetal

La taquicardia supraventricular fetal que se describe en los dos reportes clínicos de la publicación de Abdallah y colaboradores (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36248062/) es el tipo más común de alteración del ritmo cardíaco del feto, con una prevalencia de 1 en 1.000 a 1 en 25.000 embarazos.

Se caracteriza por un anormalmente alto (mayor a 180 latidos por minuto) e irregular latido cardíaco del feto, y se debe a anormalidades fetales o a factores maternos, como fumar, consumir drogas, tomar demasiada cafeína, o tener alteraciones inmunes auto inflamatorias o infecciones severas (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23592812/).

El 50% de los fetos que tienen taquicardia supraventricular la siguen presentando después de haber nacido (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36137720/), se asocia con nacimiento prematuro, bajo peso al nacer, y si se desarrolla hidropesía fetal como consecuencia de la alteración cardíaca, puede tener una tasa de mortalidad fetal del 28.5% (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35455574/).

Hasta antes del reporte de dos casos por Abdallah y colaboradores, no se había reportado ninguna arritmia fetal posterior a la vacunación materna. Sin embargo, los autores describen dos casos de taquicardia supraventricular luego de que se hubiera administrado la inoculación de Pfizer-BioNTech a la madre embarazada.

El primer caso se trató de una mujer de 27 años con 31 semanas de gestación, que había recibido la primera dosis de Pfizer en la semana 14 y la segunda en la semana 17. Al ultrasonido de rutina se detectó una frecuencia cardíaca fetal de 220 latidos por minuto con irregularidades. La mujer no tenía ningún factor de riesgo. Se encontró acumulación de líquido pericárdico (es decir, alrededor del corazón).

El feto fue tratado con digoxina, y al nacer requirió de hospitalización por unos días y tratamiento por seis meses. Linda forma de venir al mundo, ¿no les parece? con un tratamiento cardíaco de seis meses, cortesía de Pfizer y de su ginecobstetra que le recomendó las dosis a la madre.

El segundo caso se trató de una mujer de 34 años, que había recibido la dosis de Pfizer en la semana 27. Durante la evaluación de rutina en la semana 29, se detectó una frecuencia cardíaca fetal de 230 latidos por minuto con irregularidades. No se detectó ningún factor materno que explicase la ocurrencia de taquicardia supraventricular fetal.

Fue tratada la paciente con digoxina. La paciente recibió la segunda dosis de Pfizer en la semana 31 del embarazo. En la semana 33 se dio el parto prematuro. No había evidencia de infección alguna materna. Su bebé nació con el corazón estructuralmente normal, pero presentó arritmia recurrente al cuarto día.

El bebé tuvo que ser tratado con amiodarona durante ocho días con dosis altas, y luego dosis de mantenimiento de amiodarona y dioxina durante seis meses. Se recomendó el uso de un monitor (holter) cardíaco a los tres meses y seguimiento cardio-pediátrico.

De acuerdo a los autores del estudio al que hago referencia (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36248062/), se requiere de monitoreo continuo sobre la seguridad de estos productos y seguimiento, para poder evaluar el impacto fetal de la inoculación materna contra COVID-19.

Pero, el asunto, es que los médicos (algunos dentistas), las sociedades de especialistas y las autoridades sanitarias, debieran haber sabido que:

1) no se tenían esos datos para asegurar a las madres embarazadas que sus bebés estarían bien si ellas se inoculaban, y

2) que el informe sobre la (falta de) seguridad sí existía, ya que la empresa había entregado a las autoridades los informes sobre los eventos adversos de interés especial (AESI, por sus siglas en inglés).

A pesar de esto, las autoridades autorizaron su uso. Esto (lo de los reportes) ver aqui:

Me pregunto, ¿cuántos casos de taquicardia supraventricular fetal ocurrieron o están ocurriendo asociados a las inoculaciones de mujeres durante el embarazo? Ambos casos descritos por Abdallah y colaboradores fueron detectados durante un monitoreo de rutina y por eso pudieron ser tratados, pero ¿cuántos casos están pasando desapercibidos?

Sabemos que una mujer embarazada evita más de 15 alimentos, y muchos otros productos (https://kidshealth.org/es/parents/pregnancy-precautions.html) para no ocasionar problemas a la salud de su bebé, pero no tiene problema alguno en recibir múltiples dosis de un producto basado en terapia génica para el que no se cuenta con datos de seguridad sistemáticos durante el embarazo y, mucho menos, sobre la salud del bebé a mediano y largo plazo.

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